El cardenal Belluga nos mira
Nos escudriña desde su compacto pérfil
El cardenal guerrero
Con asombro se ha percatado
Que mi helado se deshace al arrojo de estos 35 grados
Y Mi nuca se llena de las lágrimas
De la virgen de las maravillas
que su excelencia descubrió,
Puede que sea eso lo que se derrama por tu cuello
Ahora que me abrazas y nos confundimos en sudor
Ahora que hablamos un poco de Murcia
A las puertas de la Guerra de Sucesión
La tarde comienza a ser amena
A nuestro costado desde el carrito
Un hombre un taburete y una radio
Venden chucherias a los niños
Que pasan veloces como sus disculpas
Que apenas oye la gente a la que atropellan
En nuestro banco de madera,
A refugio de los elementos externos,
La tarde va tan poco a poco recogiéndose,
Que por primera vez pienso en esconder las pantorrillas
Para no ofender al insigne obispo.
Entonces te hablo de ese último pensamiento
Y te ries varonil y barroco
y la conversación degenera en su alegre devenir
mientras las flores de la plaza se oscurecen
y los niños se van con sus pies pequeños y precisos
detrás de mocasines paternos
domingo, 31 de mayo de 2009
sábado, 23 de mayo de 2009
Los hombres están todos distraidos
Mirando como dora el maiz
En los últimos minutos de la tarde
Ni se percatan que me aproximo
Con un caballo de plástico en el bolsillo
Con una planta de yuca entre las manos
Con una camiseta de tirantes finos
Con todo el corazón en la mano cuando acaricio
La alpaca, cuando miro los peleles
Colgados de los árboles.
Los colgaron por chismosos, me explican
Recuerdo esta geografía que repaso
Un día y otro en mi cabeza.
Recuerdo el sabor terraceo de la chicha
Y a las personas aterradas escondiendose
En el monte, negando haber visto
Conocer, negándose así mismos
Para que “no les metan cuchillo”.
También recuerdo un atardecer frente a la plaza de armas
Y el amanecer que quiso secuenciar
Tomando tres fotos (antes, durante, después)
Luego de buscar vino en los abarrotes,
La sierra me da besos en las mejillas
Me acarícia el pelo crespo,
Me colma de una tranquilidad que no merezco
Aquí y ahora, con mi piel cruda o
Roja como tomate maduro
Sierra vamos a volver contigo
Lima y yo, Perú y yo
para escucharte y dejarte hablar
como tienes merecido
Mirando como dora el maiz
En los últimos minutos de la tarde
Ni se percatan que me aproximo
Con un caballo de plástico en el bolsillo
Con una planta de yuca entre las manos
Con una camiseta de tirantes finos
Con todo el corazón en la mano cuando acaricio
La alpaca, cuando miro los peleles
Colgados de los árboles.
Los colgaron por chismosos, me explican
Recuerdo esta geografía que repaso
Un día y otro en mi cabeza.
Recuerdo el sabor terraceo de la chicha
Y a las personas aterradas escondiendose
En el monte, negando haber visto
Conocer, negándose así mismos
Para que “no les metan cuchillo”.
También recuerdo un atardecer frente a la plaza de armas
Y el amanecer que quiso secuenciar
Tomando tres fotos (antes, durante, después)
Luego de buscar vino en los abarrotes,
La sierra me da besos en las mejillas
Me acarícia el pelo crespo,
Me colma de una tranquilidad que no merezco
Aquí y ahora, con mi piel cruda o
Roja como tomate maduro
Sierra vamos a volver contigo
Lima y yo, Perú y yo
para escucharte y dejarte hablar
como tienes merecido
martes, 5 de mayo de 2009
He soñado con él
Y estaba pequeño como el mono
Que se escapó y me mordió en Pucallpa.
Como él se mostraba histérico, agitado,
Con sus pequeñas uñas imponiéndose en mi carne.
Abriendo la piel que ya no oculta nada.
¡Estaba tan cerca de mi!
Y sin embargo era imposible tranquilizarlo y tranquilizarme
En vano intentaba dejar de llorar,
mientras lo rodeaba con mis brazos.
Blanco y frágil, confesaba todo lo que hizo en mi ausencia
Ahora el simio soy yo trepando las copas de los árboles
Mi cuerpo grácil asciende,
En mitad de la tarde, frente a la laguna,
Junto a la madera del puerto cedida a la humedad.
Consigo dirigir la mirada de los niños,
Que me señalan con sus manos arrugadas
Que se divierten, que no entienden,
Que no soy un buen ejemplo intentando escapar.
miércoles, 22 de abril de 2009
Yo también recuerdo
¡Si hubieras sabido tan solo apreciar lo que teníamos! Estamos en la Cibeles y me das la mano, al lado de ella hay un trabajo para clase que acabamos de imprimir después de pelearnos con el gordo del cyberg, de pelearte perdón, desde lo del café… ¿Cómo era la frase que me dijo? Maldito gordo! ¿Cómo era esa frase? “igual tienes que pagarlo” algo así me dijo, desde entonces no quiero verlo, tu pareces entenderlo y siempre me representas ante él. Bueno, estamos en la Cibeles rodeados de dos Soleras Verdes fresquísimas, frente a mi hay una camiseta del Real Madrid, y cuadros de cantantes de salsa famosos, ahora sólo recuerdo a Ibrahim Ferrer, al otro lado están tus ojos, que me miran con ternura, parecen un poco tristes, me dan ganas de besarlos mientras me dices que “estas seguro, ya me encontraste y no hay que buscar más”. Para mi tampoco hay que buscar más porque eres mi familia, y eso no se cuestiona, es un hecho. Salimos de la Cibeles un poco tocadillos y agarramos una buseta que nos lleva a la casa. La casa es un mundo difícil, allí tenemos que enfrentar a supermalos de la magnitud de Freezer, a Noelia borracha y con complejos sobre el correcto orden de las perchas, y la limpieza del horno, y su disfunción al pensar que las tablas de planchar son mesas. Superado ese nivel, en el dos, nos enfrentamos al niño reggaetonero: Dieeeeeeeeeeeeeeeeeego!!!!!! Y sus grandes canciones cursis del reggaeton. Por último, el peor sin duda de todos los tormentos, el ejército de cucarachas que un día, ante tu espasmo, descubrí que vivía en el cabecero de la cama. Medio tubo de insecticida después y una de los toperas que liabas a base de lejia, la habitación parece gaseada así como lo fue Hitler en la Primera Guerra Mundial, entonces nos dormimos en un sueño tóxico, mientras los pulmones filtran y desfiltran, abrazada a tu espalda, hemos sobrevivido a un día más en Venezuela. Fuera suena Alcides, se escucha un carro con “el minutero”, el rumor de la gente que toma a los pies de nuestro edificio, al lado de la tienda de comestibles, se oyen: “Gracias” y “a la orden”. Al final, después de sopesar bien todas las posibilidades, prefiero que me envuelva en mi sueño, el rumor de tu respiración y el calor de tu pecho.
miércoles, 15 de abril de 2009
sábado, 4 de abril de 2009
Mi abuelica en media hora
-Yo el ingles ni papa
-Abuela…. ¿Dónde te daré que no te duela?
-Pero es que no me entero de na… ¡la tonta el pijo!
- Se vino pa probar fortuna y ya no se quiere volver pa su pueblo(hablando de una cubana)
-La tía un día le gusta una cosa y otro día otra
- Estuvimos más bien charlando que haciendo gimnasia
-Abuela viste el documental de las seiscientas?¿y qué opinas?
-que está la gente loca!
-Ya tengo que dejar de compraros bragas que ya no sé como las lleváis.
-Alcánzame la olla de los macarrones, que luego dices que te mando!
-Abuela…. ¿Dónde te daré que no te duela?
-Pero es que no me entero de na… ¡la tonta el pijo!
- Se vino pa probar fortuna y ya no se quiere volver pa su pueblo(hablando de una cubana)
-La tía un día le gusta una cosa y otro día otra
- Estuvimos más bien charlando que haciendo gimnasia
-Abuela viste el documental de las seiscientas?¿y qué opinas?
-que está la gente loca!
-Ya tengo que dejar de compraros bragas que ya no sé como las lleváis.
-Alcánzame la olla de los macarrones, que luego dices que te mando!
miércoles, 1 de abril de 2009
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