El cardenal Belluga nos mira
Nos escudriña desde su compacto pérfil
El cardenal guerrero
Con asombro se ha percatado
Que mi helado se deshace al arrojo de estos 35 grados
Y Mi nuca se llena de las lágrimas
De la virgen de las maravillas
que su excelencia descubrió,
Puede que sea eso lo que se derrama por tu cuello
Ahora que me abrazas y nos confundimos en sudor
Ahora que hablamos un poco de Murcia
A las puertas de la Guerra de Sucesión
La tarde comienza a ser amena
A nuestro costado desde el carrito
Un hombre un taburete y una radio
Venden chucherias a los niños
Que pasan veloces como sus disculpas
Que apenas oye la gente a la que atropellan
En nuestro banco de madera,
A refugio de los elementos externos,
La tarde va tan poco a poco recogiéndose,
Que por primera vez pienso en esconder las pantorrillas
Para no ofender al insigne obispo.
Entonces te hablo de ese último pensamiento
Y te ries varonil y barroco
y la conversación degenera en su alegre devenir
mientras las flores de la plaza se oscurecen
y los niños se van con sus pies pequeños y precisos
detrás de mocasines paternos
domingo, 31 de mayo de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
La habitación de blanca ilusión y la abuela iluminada Entraba allí la luz filtrándose como si no hubiera en su vida grandes ausencias ...
-
Me detuve junto a la senda por la que se deslizaba la nieve de la alta montaña Ni siquiera había reparado en el lago a nuestros pies, ...
-
No puedo decirle a mi abuela cuánto la echo de menos Pero conservo el recuerdo exacto del abrazo Su vientre plegado sobre la silla de ...
-
La sangre se confunde detrás de los focos, ya no es roja, ya no es sangre. Las balas se equivocan al salir de las armas, ya no es ca...
No hay comentarios:
Publicar un comentario