miércoles, 17 de diciembre de 2014

-¿Recuerdas ese libro de Douglas Coupland, “Generación X”? Sí, sí lo has leído, no pongas esa cara, yo te lo dejé. Los protagonistas del libro eran tres jóvenes norteamericanos nacidos en el transcurso de la guerra de Kosovo. El libro hablaba básicamente de la apatía que produce una vida rudimentaria, un horario de oficina, la familia modelo norteamericana, las relaciones de pareja, el sistema capitalista, la sociedad de consumo etc. Al final de la novela, uno de estos jóvenes decide dejarlo todo y se va a vivir a México, a San Felipe en la frontera con Estados Unidos. Desde que leí ese libro siempre he imaginado San Felipe como el único lugar de la tierra dónde podríamos ser lo que en concreto somos, lejos, muy lejos de todas las mascaras que usamos. Allí me gustaría ir, aunque ahora San Felipe es una especie de Resort enorme, uno de los principales destinos turísticos de México, algo así como Valparaíso en Chile. ¿Qué te puedo decir? No hay nada verdaderamente original en mis pensamientos. Todo es absurdamente romántico, platónico, idealista. Con toda probabilidad terminaría odiando a los viejos norteamericanos retirados que no miran el atardecer sino el Sunset mientras beben sus martinis y pasean sus narices impostadas y sus labios inflamados como ascuas, al tiempo que hablan con sus sobrinos y nietos fingiendo ese soniquete infantil que adopta la gente cuando habla con niños, que personalmente no soporto, y creo que ni los mismos niños soportan en realidad. ¿Qué niño quiere que le hables como niño? Un niño lo que anhela es que los adultos le hablen como adultos que son. Es como si de repente un vegetal se pusiera a cantar la Traviatta. Ya los vegetales no cantan, podrías decir, pero tampoco los adultos hablamos como niños poseídos con ciertas dosis de retraso mental. El caso es que hace falta un San Felipe, un lugar al que huir mentalmente de esta vida desapasionada que nos apelmaza, como moscas rutilantes que gastan sus días en golpearse una y otra vez contra el cristal de la ventana.

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