Describir a esta persona era un
juego de malabarismo, porque sus facciones parecían cambiar constantemente; tan
pronto sus labios eran rojizos, delgados, un poco picudos, como cinco minutos después,
gruesos y más bien rosados. Con su mirada ocurría un tanto de lo mismo; sobre
sus pómulos crisantemos, después de la cumbre y la bahía, el precipicio que
desembocaba en dos huequitos hundidos,
en sus pupilas varadas solo a veces, porque otras, vivos y centelleantes los
ojos parecían escarpársele del rostro…
-¡Espera, espera! ¿Qué es esto? ¿El hombre que no entendía a Paul Klee? ¿Paul Klee el pintor? ¿Por qué vas a hablar de Paul Klee el pintor?
-Bueno, es una especie de metáfora que se me ocurrió esta mañana puede que entre sueños, si no desde luego, solo unos segundos después de despertarme. En fin, el caso es que esa frase se dibujó en mi mente, así de manera instantánea, como si fuera una especie de revelación, no sé si me entiendes… Por un momento me pareció que el hombre, llamémoslo X, no entendía a Gustav Klimt, pero pensé… Klimt.. no, no puede ser Klimt sino Klee, que no se pronuncia con i sino con e.
-Ah creo que ya sé por dónde vas, este es un pobre intento de escribir un cuento con una metáfora, ¿no? Digamos que lo que quieres, por medio de la historia de este personaje, cuyas facciones supuestamente cambian contraviniendo las leyes de lo posible, es hablar por ejemplo… uhmm no sé.. ¿de lo que pasó ayer? Pero no quieres decirlo directamente, ¿no? No quieres que la gente identifique a las personas reales detrás de esta historia, principalmente a ti y a él. Puede que ni siquiera se trate de eso, puede que incluso te de igual que la gente conozca tus sentimientos, tus intimidades expuestas a escarnio público, ¡cómo si no lo hubieras hecho antes!
-Bueno sí… tiene algo que ver con lo que dices, pero no es esa por completo la razón, igual Barranco es muy pequeño y ya todos conocen la historia. No hay mucho que ocultar en el distrito más pequeño de Lima. Más bien, quería utilizar esta metáfora para el evitar el yoismo, el incesante yoismo que asfixia mi escritura. Entonces esa frase se derramó sobre mi almohada y me dije “ya Paul Klee”, y la historia iba a girar en torno a un hombre, como he dicho antes llamémoslo X. Y este hombre tenía una particularidad, bien marcada aunque poco observable porque, a no ser que se encontrara de frente con un cuadro de Klee, no era tangible su defecto. Ni siquiera tengo claro cuál iba a ser esta particularidad del sujeto protagonista de la historia; la idea abstracta era que, en un museo cualquiera, en el que estuviera expuesta la obra colectiva de varios pintores, al pasar frente a los cuadros de Klee, X no podría verlos, es decir su retina no mandaría las imágenes de Klee al cerebro de X.
-Ah ya, ahora creo que entiendo algo (en realidad no, en realidad no entiendo nada) pero igual estoy ansioso por descubrir por qué no podía ver los cuadros del suizo en particular, y sí por ejemplo los de Kandiski, amigo cercano del pintor. Bueno y por supuesto también estoy a la expectativa de ese simbolismo qué habrás tenido que forzar al máximo para enlazar la historia de ustedes dos, con la de X incapaz de ver a Klee. También me dirás seguro, que X no alcanza a ver la obra de Klee, porque la obra de Klee le dice demasiado, más, mucho más que la obra de otros autores, y es, esa efervescencia de sentimientos resucitados, la que le provoca un miedo irracional en X, porque siempre se tiene más miedo a ese monstruo dormido dentro de nosotros mismos, que ha ese otro que representa el mundo exterior. Y seguramente dirás también que es este miedo termina derivando en la incapacidad de ver la obra del autor que exacerba sus sentimientos. ¡Ah! ¡ya sé por dónde vas! ¿Esa es tu genial metáfora?
-Parece que sabes incluso más que yo sobre aquello que quería escribir, y que ya no escribiré, dilapidada como está mi voluntad por culpa de tus ironías. Pero dime una cosa antes de terminar con todo esto, ¿quién diablos se supone que eres tú? Porque no cabe duda de que yo soy la voz del autor, la voz del escritor planteándose el proceso de creación, pero ¿tú? ¿quién serías tú? ¿una segunda personalidad malvada creada por mi inconsciente con la misión de acabar con mi pulsión hacía la literatura predecible? Y ¿Eres parte de mi mismo, o has llegado de fuera? ¿Debo imaginarte como una especie de duende irlandés colgado de mi hombro mientras silba estas palabras en mi oído?
-¿Un duende irlandés colgado de tu hombro silbando palabras en tu oído? ¿es que no puedes dejar de hacer metáforas ridículas?
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