sábado, 23 de febrero de 2013


Vuelvo a Lima  después de cinco años .Pocos minutos después de abandonar el Jorge Chávez me encuentro con la misma ciudad, en la que los coches y las combis se engullen y se fusionan a pitazos. No veo apenas motos entre el tráfico, hace falta ser verdaderamente osado para conducir en moto por aquí, aunque la verdad es que el auténtico problema  para un motorista limeño, soy yo, blanquita y atolondrada, verdadero camicace al acecho de ese que me grita por debajo de su casco: ¡Caaaaaaarajo! Mientras yo sólo recuerdo a mi mamá, ayer olvidé su cumpleaños, pero me acuerdo muchísimo de ella, sobre todo cuando pienso que voy a morir. No sé si existe Dios, ni el pasillo que, en penumbra, se ilumina sólo al final, lo único que sé es que en el momento en que tenga conciencia de mi muerte, en ese mismo instante, estaré con mi mamá.

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