Vuelvo
a Lima después de cinco años .Pocos minutos
después de abandonar el Jorge Chávez me encuentro con
la misma ciudad, en la que los coches y las combis se engullen y se fusionan a
pitazos. No veo apenas motos entre el tráfico, hace falta ser verdaderamente
osado para conducir en moto por aquí, aunque la verdad es que el auténtico problema para un motorista limeño, soy yo, blanquita y
atolondrada, verdadero camicace al acecho de ese que me grita por debajo de su
casco: ¡Caaaaaaarajo! Mientras yo sólo recuerdo a mi mamá, ayer olvidé su
cumpleaños, pero me acuerdo muchísimo de ella, sobre todo cuando pienso que voy
a morir. No sé si existe Dios, ni el pasillo que, en penumbra, se ilumina sólo
al final, lo único que sé es que en el momento en que tenga conciencia de mi
muerte, en ese mismo instante, estaré con mi mamá.
sábado, 23 de febrero de 2013
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No digas esas cosas que me rompes el corason!
ResponderEliminar¡Qué bonito, limeña!
ResponderEliminar¡Carajo! Me emocionas y no tengo la regla.
ResponderEliminarencontré donde saber de ti
ResponderEliminar:(
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