domingo, 5 de junio de 2016

Pastillas



Cuando aparezca el cuerpo podrás afrontar tu duelo, le dijeron, hasta que eso no ocurra  es imposible asimilar todo lo sucedido. ¿Cuerpo?, pensó, y sintió una tristeza profunda al pensar en ese fino hilo de agua, en ese riachuelo, perceptible apenas entre maleza, que separa a una persona de un objeto. Eres tú,  eres él o ella o yo y después eres un cuerpo,  eres  una cosa que tiene que aparecer para poder aceptar la ausencia que deja. Le hubiera gustado golpear al psicólogo, endiñarle un buen golpe en la cara, bajarle las gafas de esa narizota alargada,  ¿cómo puede llamarla cuerpo a ella?, ¿de dónde ha salido este imbécil? Y entre toda su tristeza encontró fuerzas para responderse a la pregunta, buscó y buscó en derredor hasta  que encontró, junto a la ventana, un modesto título  de no más de un tamaño A4. Princeton, ¡qué asco de universidad!¿Y ese escudo? Parece el logo de una gasolinera. Volvió al  psicólogo, “Sé que ahora mismo no está en la mejor posición para mostrarme sus sentimientos, entiendo que no pueda ordenarlos, lo entiendo perfectamente, sin embargo, tendría que intentar hacer el esfuerzo, expulse  algo por mínimo que sea. “Expulse algo  por mínimo que sea” definitivamente eso le trajo a la mente todos sus años de estreñimiento crónico. Doctor, con el debido respeto lo único que quiero es dormir, por eso  estoy aquí, porque las pastillas que me recetó el psiquiatra no funcionan, no son lo suficientemente fuertes… necesito algo.. algo como para mamíferos mayores…algo que me deje K.O. No sé si me entiende. El siquiatra, por alguna extraña razón pensó  que  antes de recetarme esas pastillas era necesario que hablara con usted.  Bueno ya estoy aquí, ya  estoy hablando. No recuerdo cuánto tiempo llevo sin dormir, no tengo la menor idea de qué día es hoy, tampoco sé cómo llegué hasta aquí, todo lo hago de manera inconsciente. Pienso todo el tiempo en ella pero nunca en ella muerta. En ella preparando café  sí, en ella dando de comer a  la gata, en su risa, en su forma de inclinar la mirada, en el olor de  su axila, en su forma de zanjar una conversación, en su culo, en su culo pienso mucho últimamente. Esta noche sufrí un bombardeo constante de imágenes de su culo, una detrás de otra, de manera circular, como si reflejara la imagen de su culo un caleidoscopio, una y otra vez, una y otra vez, y ni siquiera pude tocarlo, porque solo era una imagen, porque no puedo meterme dentro de esa imagen doctor, se lo suplico, si durmiera un poco sé que podría acercarme, es todo lo que quiero, detener todos esos culos giratorios  idénticos, acariciar uno.  Está bien, le recetaré las pastillas con la condición de que venga a verme al menos una vez por semana. No vamos a hacer gran cosa, solo hablar acerca de cómo se siente. Como le dije antes, no necesito que ordene nada ahora, eso solo le causaría frustración, lo único que quiero es que poco a poco vayamos desenredando la madeja que tiene en su  interior,  desengranando poco a poco los hilos de su angustia. O.K doctor haré lo que usted  quiera. 

En la playa la bruma era tal que se perdían el  cielo y el mar en un solo tono uniforme.  Ella se acercaba corriendo, materializando su figura entre la neblina. Al llegar junto a él le mostró la mano con el gesto más infantil que pudiera hacer una persona adulta. Su  mano estaba llena de cangrejos pequeños, y transparentes.  Pero los cangrejos que portaba  no se movían, estaban fielmente adheridos a su piel, ¡qué extraño! Pensó, normalmente esos bichos huyen despavoridos, y ella no solamente ha conseguido atraparlos en su huida,  sino que además, los retiene  con su mano abierta. ¡Cómo me gustaría  tener su encanto! ¡mira lo que es capaz de hacer con los cangrejos! Por  eso nunca me iré de su lado. Por eso mismo, si ellos no pueden, ¿como podría hacerlo yo?

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