jueves, 16 de julio de 2015

Angelitos Negros



No pude evitar pensar que toda esa escenografía no era espontánea, sino que en buena parte había sido calculada entre una y otra copa de vino, y que todo ello lo había armado solamente con el objetivo de regalarme algo que escribir. En eso pensaba mientras lo veía  irse  cruzando una pierna sobre otra hasta quedar prácticamente opacado por la nevera. Pero todavía estaban ahí sus ojos embelesando la mirada de mi gatita, ladeándose para salir sigilosamente caminando con el paroxismo propio de los gatos, hacia el reencuentro felino. Pensé que me encantaba la teatralidad de la que es experto. Era la segunda botella de vino, aunque entre una y otra había mediado algún tiempo. Horas en las que había cogido un bus, llegado a la universidad, bebido un café para que se borrara todo rastro de vino de mis gestos, dictado clase y vuelto al bus.  Odiaba ir a trabajar, sobre todo cuando tenía que interrumpir, por culpa de un estúpido horario, situaciones en las que hay vino,  música, amor. Era cien mil veces más productivo, más humano, más académico, científico,  sagrado y vital, contemplar  sus gestos, su mano extendida acercándose a mì mientras alarga hasta el infinito las silabas de las palabras haciendo que todo tenga un halo artificial y a la vez vivo. Sus palabras son peces de plàstico que yo guardaría por siempre en el bolsillo. Pequeñas reproducciones moldeadas en petróleo de la fauna  peruana. ¡Què horrible es esta distancia que me estoy imponiendo!, ¡más inhumana! ¡Cien mil veces más artificial que sus anchovetas de PVC! Cada vez que oigo una canción desaforada pienso en enviársela, pienso en cocinar algo para las dos mientras suena de fondo. Espero que esto  finalmente sea bueno para mì. Escucha, Clark Terry està tocando sus “Angelitos Negros”. Escucha el punto en que la canción adquiere tan nivel de intensidad que se sale de la partitura, que se desprende del audífono, y llega hasta el pecho y lo socava por dentro. Cualquiera podría volverse loco con esas trompetas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

  La habitación de blanca ilusión y la abuela iluminada Entraba allí la luz filtrándose como si no hubiera en su vida grandes ausencias ...