Primero
se va velando un poco el negro, como si
de él empezara a trasponerse un azul, al principio discreto, que finalmente
termina por alcanzar la supremacía. El poster de la luz blanco, y las casas
colindantes, también blancas, han estado toda la noche bañadas por la luz
amarillenta que proyecta la farola del costado. Nos hemos quedado sin invierno
este año debido al fenómeno del niño,
por lo que llevo meses extrañando esa neblina que tantas veces confundí con las
espesas cejas de dios, y que con su penetrante olor te llenaba la casa de
algas, redes, barcas, choros, pescados, sal, guijarros y arena.
Ahora ya las cosas no son como eran, antes el invierno te renovaba, o al menos te engañaba de alguna manera, más emocional que tangible. Y te levantabas de la cama con la seguridad de que todo iba a cambiar, de que el paso de una estación a otra era un hecho promisorio. Ah respirabas esa niebla, y la niebla se iba contigo a trabajar, y calaba tu abrigo, y calaba tus huesos. Recuerdo haber usado chelina en Perú, ¡de eso hace tantos años! Yo debía tener veinte y pocos. Pero ahora ya no hay invierno para nosotros y los peces en el muelle de Chorrillos lo saben, y yo alguna vez me revolqué con alguien en esa playa, junto al muelle, y luego ese alguien terminó siendo mi tormento, ¡hasta el día de hoy!, ¡y es que es tan difícil renovarse si no hay un cambio de estación! Somos animales, y los animales más que ninguna otra criatura entienden de estas cosas.
Ahora ya las cosas no son como eran, antes el invierno te renovaba, o al menos te engañaba de alguna manera, más emocional que tangible. Y te levantabas de la cama con la seguridad de que todo iba a cambiar, de que el paso de una estación a otra era un hecho promisorio. Ah respirabas esa niebla, y la niebla se iba contigo a trabajar, y calaba tu abrigo, y calaba tus huesos. Recuerdo haber usado chelina en Perú, ¡de eso hace tantos años! Yo debía tener veinte y pocos. Pero ahora ya no hay invierno para nosotros y los peces en el muelle de Chorrillos lo saben, y yo alguna vez me revolqué con alguien en esa playa, junto al muelle, y luego ese alguien terminó siendo mi tormento, ¡hasta el día de hoy!, ¡y es que es tan difícil renovarse si no hay un cambio de estación! Somos animales, y los animales más que ninguna otra criatura entienden de estas cosas.
El
gato succiona leche imaginaria mientas amasa mi triste carne con sus patitas,
arriba y abajo, primero una, luego otra, de manera sostenida, y todo ello
acercando la cara a (en el mejor de los casos porque resulta más real) mi teta,
que en algún momento podría contener leche, eso nunca se sabe. Pero cuando resulta
verdaderamente triste la performance felina, es cuando acerca su naricita rosada a mi brazo, o a mi
barriga y cierra los ojos y empieza a succionar. ¡Pobre animal! ¡Como añoras la
infancia! ¡Como añoras a tu mamá! Si hubiera un cambio de estación podrías
renovarte, olvidar todos esos recuerdos, empezar a asimilarte próxima a la
adolescencia, el primer celo. ¡Ahhh, sí el primer celo! El ritual de paso femi-lino!
¡Dejarás de ser una ñina Buffy!, ¡serás una adolescente! Aunque cabe la
posibilidad de que no ocurra nada esto, es factible que te quedes detenida en
el tiempo como este insufrible verano
limeño.
El
fenómeno del niño, el calentamiento del Pacífico oriental ecuatorial, consta de
paridad femenina, ya ves que Platón no estaba tan errado en ese célebre
discurso que nos ha hecho creer a todos el mito de la media naranja. El Niño
tiene su Niña, la fase de enfriamiento del Pacífico oriental ecuatorial. ¡Ahh!
¡Hasta este absurdo fenómeno que me ha robado el invierno, la inspiración y la
posibilidad del cambio! Ni por molesto está solo, en cambio yo como dice The Smiths, tengo que empezar a replantearme tantas cosas… If you´re so funny the why are you on your own tonight? And if you´re
so clever then why are you on your own tonight?
También
puede ser que haya personas genéticamente predispuestas a la soledad, y que
Morrisey y yo formemos parte de ese tipo de club, que pide como requisito para
pertenecer al mismo, la constatación de diez horas semanales de monólogo con tu
gato. Puede ser que, incluso, seamos tres los miembros: Morrisey, Pessoa y yo. Aunque
en realidad Pessoa está muerto, pero por antiguo y por versado en saudades, bien
podríamos nombrarlo miembro fundador de la hermandad. Y bueno, todo esto sería
más llevadero con un poco de garúa, la garúa es la savia del triste, el respirador artificial del depresivo,
aunque en realidad un antídoto infalible para terminar de asimilar la
soledad no es la garúa sino la lluvia amazónica. La gota de agua enorme repleta de peces que bajan del cielo coleteando y dejan descansar sus
escamas sobre nucas y hombros. Cómo me gustaría estar debajo de este torrente de agua ahora mismo leyendo ese
poema de Bukowski que dice:
The are worse things tan being alone but it often takes decades to realice this
and most often when you do it´s too late.
Hace
tiempo que la gata no me amasa la carne, debe estar meando sobre mi tomatera
mientras mira la lluvia caer.
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