Esa farola con el foco estropeado frente al
parque Kennedy proyecta su triste ceniza sobre nuestros rostros. Detrás de ella, un escaparate ochentero exhibe novias disecadas en
formol. Ese vestido de gasa blanca el día de nuestra boda. La carta que le
escribiste a tu tía agradeciéndole, so pena de confundir gratitud con ironía,
el juego de tazas para el té. En este
silencio del alma me vendría muy bien tu mano, tu pie, tu ojo, cualquiera de
los dos, a veces abiertos, a veces, “por error”, cerrados junto a mí.
domingo, 21 de septiembre de 2014
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