domingo, 21 de septiembre de 2014

El amor y la muerte IV



 Esa farola con el foco estropeado frente al parque Kennedy proyecta su triste ceniza sobre nuestros rostros. Detrás de ella, un escaparate ochentero exhibe novias disecadas en formol. Ese vestido de gasa blanca el día de nuestra boda. La carta que le escribiste a tu tía agradeciéndole, so pena de confundir gratitud con ironía, el juego de tazas para el té.  En este silencio del alma me vendría muy bien tu mano, tu pie, tu ojo, cualquiera de los dos, a veces abiertos, a veces, “por error”, cerrados junto a mí.  

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