Un
seguimiento por la historia de ese amor
podría realizarse, de manera más o menos precisa, a través del testimonio
poético que ha dejado la autora. Se suceden a continuación varios poemas que
fueron escritos desde finales del año 2009 hasta el año 2012. El primero de ellos sería:
Estuvimos
cogiendo como auténticos desesperados
Como
retrasados mentales
Toda la noche
como quien espera sobrevivir a una sobredosis
Las manos
palpando las luces de la calle
En su
angostura la raquítica luz de las farolas
En ese
momento en que perdimos algo
Lo perdimos
todo
Y nos dio por
pensar en animales camuflados
En una selva
de humedad y de raíces altas
Saliendo de
la tierra doblando nuestros cuerpos
Como espías
morbosos
Cuando mi
lengua comenzó a recitar en arameo
Poemas de la
península del Sinaí
Por suerte
fue a él a quien le sobrevino
la culpa del
pueblo errante
mientras yo
sentía únicamente el peso de la arena del desierto
Una
clara alusión al follaje de la
naturaleza en ambas acepciones de la
palabra. El texto es obviamente
un poema de la primera época, mezcla de arrechura, una lectura fugaz de William
Blacke, y el monotema inherente en la obra de Philip Roth ; el pueblo judío,
con el que la autora siempre se sintió identifica. Corresponde a esta primera
etapa pues predomina en él la variable
sexual que poco a poco iría cediendo paso a la romántica. Por otra parte,
nótese la referencia a lo que, para la poetisa fue el principal inconveniente
en la materialización de esa relación, a saber; la amistad “traicionada”,
que puede leerse entre líneas en los últimos versos, y que consciente o
inconscientemente, la autora asimila a la moral judeocristiana, y a la vida entendida
como un valle de lágrimas, concepto
sobre el que Nietzsche despotricara en su obra capital “el Anticristo”, que
sirve a la autora para establecer una parábola entre la conciencia y la
necesidad de vivir. Pese, a que en la
primera parte del poema se atribuye a sí misma las características del pueblo
judío, termina apostando por asemejarse al superhombre del filosofo alemán, de
ahí que concluya: “mientras yo sentía únicamente el peso de la arena del
desierto”. Sin embargo, superada la culpa propia, le infiere esa característica
a su amante que es quien, en última instancia, termina arrastrando el peso de Yahveh:
“Por suerte fue a él a quien le sobrevino la culpa del pueblo errante”. Este
poema fue recitado en el “Café bar Indiano” en el año 2011, y probablemente fue
escrito en Murcia a finales del año 2009, quizá a principios del 2010, lo
cierto es que los distintos especialistas que han estudiado la obra de Miriam
Encarnación no pueden dar con la fecha exacta, pero si con el lugar de
creación, quedando claro que con toda probabilidad, este poema fue escrito en
Murcia.
El
siguiente texto de la serie también hace referencia a la temática sexual,
pero guardando amplia distancia con
respecto al anterior:
Por supuesto
no estás enamorado
¿Follar por
deporte?
desde luego
que lo hacemos bien
abrazar por
deporte
besar por
deporte
hablar por
deporte
conocernos
por deporte
confesiones
por deporte
reírnos por
deporte ...
me gustaría
saber ¿quién mierda dijo
que el
deporte es sano?
Podemos decir que ésta es quizá, la obra más popular de Encarnación. Ha
sido leída en todos los recitales en los que la albaceteña ha intervenido
(Albacete 2011 y 2012, y Lima 2013) siendo
alabada por la crítica y el público. En este texto queda obviamente reflejada
la influencia de dos de los poetas más valorados por la autora: Charles
Bukowsky y Roberto Bolaño. Lo que en un primer momento era simplemente el
impulso sexual que se debatía entre la culpabilidad y la libertad, termina
transformándose en una auto-aceptación
de la rabia, que se desprende del hecho de reconocerse un objeto, y a la vez
saber que para ambos, se trata de algo
que va mucho más allá del impulso sexual que fue medular en la obra freudiana. El autoengaño del amante es, de esa forma, asimilado por la autora, que no carente de
ironía, banaliza el sexo y el amor, para en el último verso, conferirles en
forma interrogativa toda su importancia. De lenguaje mucho más directo, y en
absoluto metafórico, este poema recuerda el otro de Bolaño “Lisa”, con un
cuerpo poético de emociones contenidas, no es hasta el último verso que el
autor abre su corazón y deja que sangre. Esa declaración final del escritor
chileno: “las dos peores horas de mi vida”, podría ser un claro reflejo de
"¿quién mierda dijo que el deporte es sano?" salvando las distancias, por supuesto.
Este poema fue escrito entre el año 2010 y el año 2011, tampoco los
encarnacionistas se ponen de acuerdo en esas fechas, lo que sí está claro es
que su realización tuvo lugar después de un viaje a Barcelona.
Se
sucede, entonces, un año de silencio con respecto a este sujeto, y de pronto, a
finales de octubre del año 2012 aparecen tres poemas, que podríamos definir de
consolidación del amor. Sobre todo el primero de ellos donde la autora deja la
rabia de lado, más no la burla y la ironía, al tiempo que revive su temprana
adolescencia escribiendo un poema cursi y pegajoso, a lo Mario Benedetti, uruguayo que
Encarnación lleva quince años sin leer:
Metes mano suavecito, antes habías
hecho una ecografía por encima de la
ropa, palpando, allanando el camino, y después poco a poco, con los deditos
tocas piel, tocas hueso, toda mi cadera señalando arriba. ¡Cómo te extraño! Me
giro en la cama y todavía estas ahí abrazando mi polo Nike, cogiéndome la mano,
diciéndome: “trépate si quieres”, y yo que me hago un hueco en tu alita, y tu
brazo que soporta mi cabeza, con mi cerebro, mi nariz, mi peluca y mis gafas;
todas ellas cosas que pesan mucho, y yo debajo de tu alita feliz de que te
duches a diario, aunque cualquiera lo diría. Y yo que imito esa voz tan
ridícula que te salió de la mezcla de tus babas y tus ruinas, y nos reímos, y
al rato te vuelvo a imitar, y nos partimos de la risa. Podría estar así toda la noche, imitándote con la brisa del porro
acariciándome suave como tú. Bien podría quedarme así con tu alita como techo.
Son
sin duda los recuerdos de su cercano viaje a Ámsterdam donde se encontró con
esta persona, los que dirigen la
realización del poema de la escritora manchega. El reiterado uso de diminutivos
corresponde, no sólo al sentimiento de ternura que chorrea todo el poema, sino
también a su futura época latina, a la que se adelanta de manera futurista como
en un juego del destino. Este texto fue leído en el “Café Bar Indiano” en el
año 2012, de hecho, con él se dio
apertura al recital, suscitando, además, el siguiente comentario por parte de su
compañera de mesa, la también escritora, manchega y amiga: “Qué bonito”.
Coetáneos
de esta misma época, mediando quizá un mes entre ellos y el anterior, encontramos dos poemas cargados de alusiones
y lenguaje directo, donde el desamor y
el psicoanálisis freudiano se impone de manera irrevocable:
La otra noche soñé que estábamos tomando una limonada
En la terraza de un paseo marítimo.
Llevábamos mucho tiempo sin vernos,
Por eso estaba callada,
porque tenía miedo de que te saliera una novia por la
boca
Que te saliera así, físicamente, primero la melena
rubia
Se abriría paso en tu garganta,
Ahora hinchada como el vientre de la boa cuando
engulle a su presa
Después algunos pelos dorados empezarían a filtrarse
poco a poco
Entre tus dientes
Surgiendo al tiempo todo el conjunto de su cabeza
completa,
Del otro lado de tu boca deformemente enorme
Hasta mostrarse así, pequeña, rubia y hablando inglés.
A mí me da igual, yo no quiero ser rubia, ni mucho
menos pequeña
Ni siquiera me interesa hablar inglés
Pero, por desgracia, sí que quiero ser tu novia.
Un segundo después aparecemos tumbados en la arena
Porque viste a tu padre en una mesa cercana,
Estaba conversando con tu entrenador de baloncesto de
cuando eras chibolo
Por eso nos escondemos
Porque no quieres ver tu padre, ni ponerte triste
Hueles a tierra batida, a alcohol y a moqueta vieja
¡Esto me recuerda muchísimo a nuestra primera noche!
La influencia en el conjunto del poema, va de la mano esta vez, de
la ironía y el surrealismo del poeta chileno Nicanor Parra. Por otro
lado el miedo, la distancia, y los celos serían sin lugar a dudas su eje
articulador. El texto, a su vez, está basado
en un sueño, de ahí el carácter onírico del mismo, de grandes pinceladas dalilescas,
aparece en toda su esencia esgrimido el consabido término del automatismo
psíquico, que dirigiera la obra pictórica del catalán de largos bigotes.
Cerramos la serie “Crónica poética de un amor imposible” con el último
poema que se conoce al respecto y que lleva como título “Titanic”:
Así más o menos, en
esa posición tan ceremoniosa,
Tumbado de espaldas
con los pies juntos
Y los brazos cruzados
sobre el pecho,
Así te colocaste sobre
el palet que nos habían regalado
Yo me tumbé encima de
ti, poco más o menos igualito,
Aunque boca abajo;
Al cabo de un tiempo,
decidí que ganaría estabilidad
Abriendo piernas y
brazos y dejando que tu cuerpo pasara entre ellos,.
También ladeé la
cabeza para que mi mejilla quedara a la altura de la tuya.
Tenías razón en eso de
que no hacía falta sacrificar a nadie en Titanic,
Recreamos todo tal
como se ve en la película
Hace tres años tiramos esta madera
al mar
En principio íbamos a ser felices
simplemente así, flotando
Pero ya me cansé de sólo flotar
Tu mejilla
sigue
moviéndose y de vez en cuando tienes
erecciones en sueños
Sé
que no estás muerto
¡Podrías
decirme algo en medio de este puto océano!
Por su parte, a él sólo
se le atribuyen dos poemas románticos, los dos orales, el primero de ellos es
del año 2009 y decía así; “No me quiero regresar ahora porque la próxima vez
que te vuelva a ver será bajo el papel de amigo, y eso no es lo que quiero, nos
ha costado mucho llegar hasta aquí”.
El
otro poema tiene apenas unas horas y fue recitado en público en la calle Enrique Del Campo, a grandes rasgos decía así: “Yo te amo”, “Me he dado cuenta que te amo”
“ ¿En qué momento fue que nos empezamos a amar?” Ambos han sido desmentidos, el
último hace escasas horas. Sí que, sin embargo, este autor cuenta con una
prolija obra en cuanto a poemas de desamor, los cuales no tienen cabida en
estas páginas porque de ser así, este relato no se llamaría “crónica poética de
un amor imposible”, sino “crónica poética de un desamor posible”. Ambos
títulos, aunque significando en la práctica una misma cosa, no son sinónimos, a
mi humilde entender. Diríase que, a raíz de lo expuesto, el primer título es
más veraz que el segundo, saque cada uno, sin embargo, las conclusiones que
estime pertinentes.
No hay comentarios:
Publicar un comentario