martes, 28 de enero de 2014

CRÓNICA POÉTICA DE UN AMOR IMPOSIBLE



Un seguimiento por la historia de  ese amor podría realizarse, de manera más o menos precisa, a través del testimonio poético que ha dejado la autora. Se suceden a continuación varios poemas que fueron escritos desde  finales  del año 2009 hasta el año 2012.  El primero de ellos sería:

 

Estuvimos cogiendo como auténticos desesperados

Como retrasados mentales

Toda la noche como quien espera sobrevivir a una sobredosis

Las manos palpando las luces de la calle

En su angostura la raquítica luz de las farolas

 

En ese momento en que perdimos algo

Lo perdimos todo

Y nos dio por pensar en animales camuflados

En una selva de humedad y de raíces altas

Saliendo de la tierra doblando nuestros cuerpos

Como espías morbosos

Cuando mi lengua comenzó a recitar en arameo

Poemas de la península del Sinaí

Por suerte fue a él a quien le sobrevino

la culpa del pueblo errante

mientras yo sentía únicamente el peso de la arena del desierto

 

Una clara alusión al follaje  de la naturaleza en ambas acepciones de la  palabra.  El texto es obviamente un poema de la primera época, mezcla de arrechura, una lectura fugaz de William Blacke, y el monotema inherente en la obra de Philip Roth ; el pueblo judío, con el que la autora siempre se sintió identifica. Corresponde a esta primera etapa pues predomina en él  la variable sexual que poco a poco iría cediendo paso a la romántica. Por otra parte, nótese la referencia a lo que, para la poetisa fue el principal inconveniente en la materialización de esa relación, a saber; la  amistad “traicionada”, que puede leerse entre líneas en los últimos versos, y que consciente o inconscientemente, la autora asimila a  la moral judeocristiana, y a la vida entendida como un valle de lágrimas,  concepto sobre el que Nietzsche despotricara en su obra capital “el Anticristo”,  que  sirve a la autora para establecer una parábola entre la conciencia y la necesidad de vivir.  Pese, a que en la primera parte del poema se atribuye a sí misma las características del pueblo judío, termina apostando por asemejarse al superhombre del filosofo alemán, de ahí que concluya: “mientras yo sentía únicamente el peso de la arena del desierto”. Sin embargo, superada la culpa propia, le infiere esa característica a su amante que es quien, en última instancia, termina arrastrando el peso de Yahveh: “Por suerte fue a él a quien le sobrevino la culpa del pueblo errante”. Este poema fue recitado en el “Café bar Indiano” en el año 2011, y probablemente fue escrito en Murcia a finales del año 2009, quizá a principios del 2010, lo cierto es que los distintos especialistas que han estudiado la obra de Miriam Encarnación no pueden dar con la fecha exacta, pero si con el lugar de creación, quedando claro que con toda probabilidad, este poema fue escrito en Murcia.

El siguiente texto de la serie también hace referencia a la temática sexual, pero  guardando amplia distancia con respecto al anterior:

Por supuesto no estás enamorado

¿Follar por deporte?

desde luego que lo hacemos bien

abrazar por deporte

besar por deporte

hablar por deporte

conocernos por deporte

confesiones por deporte

reírnos por deporte ...

me gustaría saber ¿quién mierda dijo

que el deporte es sano?

Podemos decir que ésta es quizá, la obra más popular de Encarnación. Ha sido leída en todos los recitales en los que la albaceteña ha intervenido (Albacete 2011 y 2012,  y Lima 2013) siendo alabada por la crítica y el público. En este texto queda obviamente reflejada la influencia de dos de los poetas más valorados por la autora: Charles Bukowsky y Roberto Bolaño. Lo que en un primer momento era simplemente el impulso sexual que se debatía entre la culpabilidad y la libertad, termina transformándose en una  auto-aceptación de la rabia, que se desprende del hecho de reconocerse un objeto, y a la vez saber que para ambos, se trata  de algo que va mucho más allá del impulso sexual que fue medular en la obra freudiana.  El autoengaño del amante es, de esa forma,  asimilado por la autora, que no carente de ironía, banaliza el sexo y el amor, para en el último verso, conferirles en forma interrogativa toda su importancia. De lenguaje mucho más directo, y en absoluto metafórico, este poema recuerda el otro de Bolaño “Lisa”, con un cuerpo poético de emociones contenidas, no es hasta el último verso que el autor abre su corazón y deja que sangre. Esa declaración final del escritor chileno: “las dos peores horas de mi vida”, podría ser un claro reflejo de "¿quién mierda dijo que el deporte es sano?" salvando las distancias, por supuesto.

Este poema fue escrito entre el año 2010 y el año 2011, tampoco los encarnacionistas se ponen de acuerdo en esas fechas, lo que sí está claro es que su realización tuvo lugar después de un viaje a Barcelona.  

Se sucede, entonces, un año de silencio con respecto a este sujeto, y de pronto, a finales de octubre del año 2012 aparecen tres poemas, que podríamos definir de consolidación del amor. Sobre todo el primero de ellos donde la autora deja la rabia de lado, más no la burla y la ironía, al tiempo que revive su temprana adolescencia escribiendo un poema cursi y pegajoso,  a lo Mario Benedetti, uruguayo que Encarnación lleva quince años sin leer:

Metes mano suavecito, antes habías hecho una ecografía por encima de la ropa, palpando, allanando el camino, y después poco a poco, con los deditos tocas piel, tocas hueso, toda mi cadera señalando arriba. ¡Cómo te extraño! Me giro en la cama y todavía estas ahí abrazando mi polo Nike, cogiéndome la mano, diciéndome: “trépate si quieres”, y yo que me hago un hueco en tu alita, y tu brazo que soporta mi cabeza, con mi cerebro, mi nariz, mi peluca y mis gafas; todas ellas cosas que pesan mucho, y yo debajo de tu alita feliz de que te duches a diario, aunque cualquiera lo diría. Y yo que imito esa voz tan ridícula que te salió de la mezcla de tus babas y tus ruinas, y nos reímos, y al rato te vuelvo a imitar, y nos partimos de la risa. Podría estar así toda la noche, imitándote con la brisa del porro acariciándome suave como tú. Bien podría quedarme así con tu alita como techo.

Son sin duda los recuerdos de su cercano viaje a Ámsterdam donde se encontró con esta persona,  los que dirigen la realización del poema de la escritora manchega. El reiterado uso de diminutivos corresponde, no sólo al sentimiento de ternura que chorrea todo el poema, sino también a su futura época latina, a la que se adelanta de manera futurista como en un juego del destino. Este texto fue leído en el “Café Bar Indiano” en el año 2012, de hecho, con  él se dio apertura al recital, suscitando, además, el siguiente comentario por parte de su compañera de mesa, la también escritora, manchega y amiga: “Qué bonito”.

Coetáneos de esta misma época, mediando quizá un mes entre ellos y el anterior,  encontramos dos poemas cargados de alusiones y lenguaje directo, donde el desamor  y el psicoanálisis freudiano se impone de manera irrevocable:

La otra noche soñé que estábamos tomando una limonada

 

En la terraza de un paseo marítimo.

 

Llevábamos mucho tiempo sin vernos,

 

Por eso estaba callada,

 

porque tenía miedo de que te saliera una novia por la boca

 

Que te saliera así, físicamente, primero la melena rubia

 

Se abriría paso en tu garganta,

 

Ahora hinchada como el vientre de la boa cuando engulle a su presa

 

Después algunos pelos dorados empezarían a filtrarse poco a poco

 

Entre tus dientes

 

Surgiendo al tiempo todo el conjunto de su cabeza completa,

 

Del otro lado de tu boca deformemente enorme

 

Hasta mostrarse así, pequeña, rubia y hablando inglés.

 

A mí me da igual, yo no quiero ser rubia, ni mucho menos pequeña

 

Ni siquiera me interesa hablar inglés

 

Pero, por desgracia, sí que quiero ser tu novia.

 

Un segundo después aparecemos tumbados en la arena

 

Porque viste a tu padre en una mesa cercana,

 

Estaba conversando con tu entrenador de baloncesto de cuando eras chibolo

 

Por eso nos escondemos

 

Porque no quieres ver tu padre, ni ponerte triste

 

Hueles a tierra batida, a alcohol y a moqueta vieja

 

¡Esto me recuerda muchísimo a nuestra primera noche!

 


La influencia  en el  conjunto del poema, va de la mano esta  vez, de  la ironía y el surrealismo del poeta chileno Nicanor Parra. Por otro lado el miedo, la distancia, y los celos serían sin lugar a dudas su eje articulador. El texto, a su vez,  está basado en un sueño, de ahí el carácter onírico del mismo, de grandes pinceladas dalilescas, aparece en toda su esencia esgrimido el consabido término del automatismo psíquico, que dirigiera la obra pictórica del catalán de largos bigotes.

Cerramos la serie “Crónica poética de un amor imposible” con el último poema que se conoce al respecto y que lleva como título “Titanic”:

Así más o menos, en esa posición tan ceremoniosa,

Tumbado de espaldas con los pies juntos

Y los brazos cruzados sobre el pecho,

Así te colocaste sobre el palet que nos habían regalado

Yo me tumbé encima de ti, poco más o menos igualito,

Aunque boca abajo;

Al cabo de un tiempo, decidí que ganaría estabilidad

Abriendo piernas y brazos y dejando que tu cuerpo pasara entre ellos,.

También ladeé la cabeza para que mi mejilla quedara a la altura de la tuya.


Tenías razón en eso de que no hacía falta sacrificar a nadie en Titanic,

Recreamos todo tal como se ve en la película


Hace tres años tiramos esta madera al mar

En principio íbamos a ser felices simplemente así, flotando

Pero ya me cansé de sólo flotar

Tu mejilla sigue moviéndose  y de vez en cuando tienes erecciones en sueños

Sé que no estás muerto

¡Podrías decirme algo en medio de este puto océano!

 

Por su parte, a él sólo se le atribuyen dos poemas románticos, los dos orales, el primero de ellos es del año 2009 y decía así; “No me quiero regresar ahora porque la próxima vez que te vuelva a ver será bajo el papel de amigo, y eso no es lo que quiero, nos ha costado mucho llegar hasta aquí”.

El otro poema tiene apenas unas horas y fue recitado en público en la calle Enrique Del Campo, a grandes rasgos decía así: “Yo te amo”, “Me he dado cuenta que te amo” “ ¿En qué momento fue que nos empezamos a amar?” Ambos han sido desmentidos, el último hace escasas horas. Sí que, sin embargo, este autor cuenta con una prolija obra en cuanto a poemas de desamor, los cuales no tienen cabida en estas páginas porque de ser así, este relato no se llamaría “crónica poética de un amor imposible”, sino “crónica poética de un desamor posible”. Ambos títulos, aunque significando en la práctica una misma cosa, no son sinónimos, a mi humilde entender. Diríase que, a raíz de lo expuesto, el primer título es más veraz que el segundo, saque cada uno, sin embargo, las conclusiones que estime pertinentes.

 

 

 

 

 

 

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