Subes la montaña, ahí fuera está helado
La cima es escarpada, la luz brilla demasiado en tus ojos
Tanto que te produce sordera
Llegas arriba y tus piernas
inclinadas saben mucho del abismo
Y muy poco de mantenerse sobre
la superficie
Piensas en levitar como un
maestro Zen
y entonces te das cuenta de que no eres asiático
Y de que te queda un duro camino
de vuelta
Llegas por fin a la cama con los
pies congelados
Y tanto sueño que no puedes ni
cambiarte los calcetines
y piensas: “si al menos tuviera a mi lado un
cuerpo calentito”
Has realizado una proeza
subiendo esa montaña
Pero no hay amor que te
recompense
Tumbado,
Con los pies húmedos y aterido por
el frio
Vuelves a pensar:
He subido esa montaña, me quiero
mucho
Y entonces, sin poner más
excusas
te cambias los calcetines.
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