martes, 8 de octubre de 2013


Subes la montaña, ahí fuera está helado

La cima es escarpada, la luz brilla demasiado en tus ojos

Tanto que te produce sordera

Llegas arriba y tus piernas inclinadas saben mucho del abismo

Y muy poco de mantenerse sobre la superficie

Piensas en levitar como un maestro Zen

 y entonces te das cuenta  de que no eres asiático

Y de que te queda un duro camino de vuelta

Llegas por fin a la cama con los pies congelados

Y tanto sueño que no puedes ni cambiarte los calcetines

y  piensas: “si al menos tuviera a mi lado un cuerpo calentito”

Has realizado una proeza subiendo esa montaña

Pero no hay amor que te recompense

Tumbado,

Con los pies húmedos y aterido por el frio

Vuelves a pensar:

He subido esa montaña, me quiero mucho

Y entonces, sin poner más excusas

te cambias los calcetines.

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