En
aquella época paraba todo el tiempo con mis dos amigos calavera, los que junto
a mí, formaban el trío calavera. Los conocí cuando recién empezaba el invierno
limeño y me acompañaron hasta el final de la estación. Lo que pasó después, al
comienzo de la primavera, lo que hizo que finalmente nos separáramos todavía no
lo entiendo bien, pero lo entenderé, me imagino, en el futuro. Fue al principio del invierno cuando llegué a
Lima, yo, una extranjera sin papeles, dispuesta a trabajar en la ciudad dónde
años atrás había conocido el sexo con Jet Lag, el perpetuo cielo gris, los edificios
coronados por una gruesa capa de contaminación, y las sonrisas rebosantes de
ceniza.
Había llegado a Lima después de cinco años
totalmente expatriada por la crisis económica que atenaza a la piel del toro
del país donde nací, no voy a decir de mí país, porque yo no soy nacionalista,
y considero que ser española o peruana
sólo significa que, en un rublo del destino, ese óvulo y ese espermatozoide
se encontraron físicamente en
Europa o en América, nada más. Las
banderas, los himnos y cosas por el estilo nunca me han interesado en lo más
mínimo; cómo sabrán España ha ganado en los últimos años el mundial de fútbol y
el mundial de baloncesto. Lo del futbol seguro lo sabían, lo del baloncesto no
creo que lo supieran tanto…bueno en todas estas victorias ha acompañado a las
selecciones un gentío descomunal en las calles, blandiendo banderitas,
camisetas, cantando eslóganes trillados, gritando hasta la
asfixia con las caras amoratadas en esa duda ancestral que acompaña al hombre
desde sus orígenes: ¿qué hacer antes? ¿Corear el nombre de mi selección de
futbol, beber o fumar? Ante esa duda estaban millones de españoles viendo como se
les concedía esa victoria. Y aquí es dónde digo que yo no soy nacionalista
porque nunca pensé que esa victoria fuera mía, ni siquiera pensé que fuera una
victoria a nivel nacional, pues bien sabido es, que todos esos futbolistas
tienen sus cuentas millonarias en Suiza, y que en nada están contribuyendo a la
recuperación del país, el cúal permanece más cagado que nunca.
Fue
así, por esa atmosfera pestilente que envolvía el lugar donde nací, que terminé
en Lima. Y fue en esta ciudad dónde
conocí a mis compinches: Chuletín y Virginidad. Los conocí por separado, pero muy pronto una
eclosión de miles de millones de átomos gravitando por la vía láctea, vino a
juntar a esos dos personajes en un mismo contexto.
A Chuletín lo conocí uno de los primeros días del invierno, cuando llevaba poco más de un mes en Lima. Ese día había quedado con una amiga española, que estaba yendo al cumpleaños de un pata que es amigo de mis amigos peruanos, los que conozco hace años, desde mis primeras incursiones en Sudamérica. El cumpleaños era en la playa, en la Herradura, y para allá fuimos un grupo, todo chicas más Chuletín, pronto entendí que así es como nuestro querido Chuleta se encuentra más cómodo, totalmente rodeado de mujeres. Lo llaman Chule porque dentro de su boca atesora una lengua enorme, una lengua que puede extenderse desde sus labios rosados hasta la parte inferior de la barbilla. Una lengua que el mismo se ha medido, y que algunas personas son capaces de atestiguar, mide unos quince centímetros desde los labios hasta la punta, es decir toda una chuleta por lengua. Y ahí estaba Chuletín, rodeado de mujeres jóvenes, en chanclas, porque ante todas las cosas Chule es un fetichista, y le gusta dar masajes en los pies a las mujeres, y porque todavía no hacía realmente frio es que fuimos para allá en sandalias, y por dos veces sorprendí a Chule relamiéndose los labios con la puntita de su lengua nada más, mientras observaba mis pies. Ahí pasamos la tarde, parece que fuera ayer, parece que todos los trágicos acontecimientos que se derivaron de esos días no hayan sucedido nunca.
A Chuletín lo conocí uno de los primeros días del invierno, cuando llevaba poco más de un mes en Lima. Ese día había quedado con una amiga española, que estaba yendo al cumpleaños de un pata que es amigo de mis amigos peruanos, los que conozco hace años, desde mis primeras incursiones en Sudamérica. El cumpleaños era en la playa, en la Herradura, y para allá fuimos un grupo, todo chicas más Chuletín, pronto entendí que así es como nuestro querido Chuleta se encuentra más cómodo, totalmente rodeado de mujeres. Lo llaman Chule porque dentro de su boca atesora una lengua enorme, una lengua que puede extenderse desde sus labios rosados hasta la parte inferior de la barbilla. Una lengua que el mismo se ha medido, y que algunas personas son capaces de atestiguar, mide unos quince centímetros desde los labios hasta la punta, es decir toda una chuleta por lengua. Y ahí estaba Chuletín, rodeado de mujeres jóvenes, en chanclas, porque ante todas las cosas Chule es un fetichista, y le gusta dar masajes en los pies a las mujeres, y porque todavía no hacía realmente frio es que fuimos para allá en sandalias, y por dos veces sorprendí a Chule relamiéndose los labios con la puntita de su lengua nada más, mientras observaba mis pies. Ahí pasamos la tarde, parece que fuera ayer, parece que todos los trágicos acontecimientos que se derivaron de esos días no hayan sucedido nunca.
A
virginidad la conocí esa misma noche, en la fiesta de una amiga, pero Chule no
estaba, se había ido ya a pasear su enorme lengua por la geografía limeña. Virginidad
es, desde el primer momento en que atraviesa la puerta de una habitación, una
absoluta y completa bollera para todos los que, desde el interior, la ven franquear el umbral de la puerta. No
hay forma de ocultar que es gay, tampoco hay ninguna necesidad; Lima ha
cambiado mucho en los últimos veinte años respecto al tema de la homosexualidad,
se ha vuelto mucho más tolerante, ya no mata a su gente por cabros.
Virginidad
entró a esa habitación atestada de españoles y se sentó a mi lado, yo pensé: “Hay
una bollera a mi lado”, simplemente clasificando como suele hacer el cerebro
cuando no tiene nada mejor que hacer. No dijo nada, se sentó, y de repente
entre sus manitas, porque Virginia es chatita, chiquita y sus manitas también
son chiquitas, y entre sus manitas nació de repente una caja metálica enorme, que abrió y cuyo aromático
contenido envolvió toda la sala. Nunca había visto tal cantidad de marihuana junta.
Como
quien no quiere la cosa, totalmente consciente de que no podía, ni debía
aparentar asombro por ese tremendo volumen de marihuana (ya que mi propósito
era adaptarme, y nadie que se sorprende
se adapta) desvié mis ojos grandes como platos y seguí mirando al frente muda.
Pero entonces una española que estaba sentada a mi otro lado dijo: ¡Buaaaaaaaaaahhhh
cuánta marihuana!, y con eso me destapó también a mí que había estado
disimulando y que ya no podía aguantar más, y dije algo así como: “Vaya yo aquí
disimulando para que ahora llegue otra española
y se sorprenda”.
Dos
días después quedé con Virginia y en su camioneta Wolksvagen, una combi
chiquita, pude ver dibujada la cabeza de Chuletín, dentro de la cual se deduce
una enorme lengua fan de culos veinteañeros (Vir y yo rondamos los treinta,
Chule ronda los cincuenta)Ya estábamos los tres juntos, el trío calavera.
Desde
un primer momento quedó claro que la pasión de mis dos compinches era hablar de
tetas y de culos, las palabras y expresiones más comunes en su vocabulario
eran: cuerín, cuerazo, culote, potazo, concha, chorreante, tetotas, hembrota, flujos, chibolas y un largo
etcétera. A mí me gusta mucho hablar de sexo, pero no sé absolutamente nada de
sexo con una mujer, y a las mujeres en general, las miro simplemente comparando
lo suyo con lo mío, ya que el libre mercado, y la vorágine capitalista nos obliga
a una competencia cruel y desarmada. En verdad no tengo mucha competencia en
Lima, porque soy blanca, delgada, joven, narigona y tengo años de ejercicio en
mis piernas, por lo que me llaman piermiriam. Pero la lucha no es contra otras,
es contra mí misma, contra ese afán que he tenido siempre de estar guapa para
mis pendejos, porque eso es lo que son todos mis hombres, unos escudándose en
la locura, otros en la borrachera…pendejos, pendejos, pendejos.
Fue
después de una borrachera, en medio de la cegadora resaca cuando decidimos, al
fin, poner remedio a todos nuestros problemas de índole amoroso-económico-sexual, y entonces surgió la
estrambótica idea de “El programa de los veinte puntos”, que lejos de conseguir
el propósito que le habíamos marcado (el cambio en nuestras vidas que había de
propinarnos estabilidad y felicidad) lejos de eso, terminó por hundirnos aún
más. Pero antes de relatar cómo se torció todo, antes de eso, conviene enumerar
algunos puntos del programa de los veinte puntos:
1- El
primer punto en el programa de los veinte puntos se deduce del compromiso y la
necesidad de cumplir los siguientes puntos:
2- Dejar
de fumar
3- No
mantener relaciones sexuales, ni amorosas con gente que padezca cualquier tipo
de enajenación ( punto diseñado expresamente para mí)
4- No
mantener relaciones sexuales con chicas menores de treinta años(este punto
estaba especialmente diseñado para Chule)
5- No
ayudar a borrachos, ni drogadictos.
6- No
permitir ningún tipo de maltrato psíquico o físico.
7- La
primera vez que nos choteen no habrá más.
8- No
beber entre semana.
9- No
beber por aburrimiento.
10- No
volver con exs.
Los
siguientes diez puntos eran parecidos a los anteriores, con algunos matices. El manuscrito aparece firmado en su parte
posterior por los tres, con fecha del 29 de septiembre del año 2013. Nadie
podía advertirnos entonces que estábamos firmando nuestra sentencia de muerte.
Al día siguiente de la firma del “Programa de los veinte puntos” cada uno de esos puntos que habíamos rechazado empezó a imponerse con más fuerza. De doce cigarrillos diarios que fumábamos cada uno, empezamos a fumar dos cajetillas diarias. De beber una a dos veces por semana, pasamos a beber todos y cada uno de los benditos días del Señor. De ayudar sólo a un borracho o drogadicto, pasamos a ayudarlos a todos, los acompañábamos a la tienda a por más licor, ellos también nos acompañaban a nosotros a la tienda a por más licor. Todos volvimos con nuestros exs, que además sufrían algún tipo de enajenación, con lo cual incumplíamos a la vez, dos de los veinte puntos. Chule se lió con todas las flaquitas de veinte años que caían por azar en sus manos. Yo también me levanté a algún chibolo. Dejamos que nuestros exs nos chotearan como no estaba escrito, como no había ocurrido nunca antes en la historia del ser humano humillado. Permitimos todo tipo de maltrato psíquico y físico, y a su vez nosotros también maltratamos al prójimo, guiados por el influjo de esas firmas horribles de ese 29 de septiembre del año 2013, que sin saber cómo, queriendo encontrar la estabilidad, y en la estabilidad la felicidad, dieron como resultado todo lo contrario; encontramos la inestabilidad, pero, y aunque parezca mentira, en la inestabilidad encontramos la felicidad, esa felicidad con mayúsculas.
Esa felicidad que sólo se goza, sin pensar en nada más, libres como pajarillos silvestres gozamos los frutos de esta tierra hasta el abuso. De modo que al no cumplir “El programa de los veinte puntos”, cumplimos con el objetivo último del ser humano: alcanzar la felicidad. De ahí devino nuestra separación porque ya no nos hacíamos falta, ya éramos felices cada uno por sí mismo, demasiado ocupados en chotear, en maltratar y en que nos choteen.
Al día siguiente de la firma del “Programa de los veinte puntos” cada uno de esos puntos que habíamos rechazado empezó a imponerse con más fuerza. De doce cigarrillos diarios que fumábamos cada uno, empezamos a fumar dos cajetillas diarias. De beber una a dos veces por semana, pasamos a beber todos y cada uno de los benditos días del Señor. De ayudar sólo a un borracho o drogadicto, pasamos a ayudarlos a todos, los acompañábamos a la tienda a por más licor, ellos también nos acompañaban a nosotros a la tienda a por más licor. Todos volvimos con nuestros exs, que además sufrían algún tipo de enajenación, con lo cual incumplíamos a la vez, dos de los veinte puntos. Chule se lió con todas las flaquitas de veinte años que caían por azar en sus manos. Yo también me levanté a algún chibolo. Dejamos que nuestros exs nos chotearan como no estaba escrito, como no había ocurrido nunca antes en la historia del ser humano humillado. Permitimos todo tipo de maltrato psíquico y físico, y a su vez nosotros también maltratamos al prójimo, guiados por el influjo de esas firmas horribles de ese 29 de septiembre del año 2013, que sin saber cómo, queriendo encontrar la estabilidad, y en la estabilidad la felicidad, dieron como resultado todo lo contrario; encontramos la inestabilidad, pero, y aunque parezca mentira, en la inestabilidad encontramos la felicidad, esa felicidad con mayúsculas.
Esa felicidad que sólo se goza, sin pensar en nada más, libres como pajarillos silvestres gozamos los frutos de esta tierra hasta el abuso. De modo que al no cumplir “El programa de los veinte puntos”, cumplimos con el objetivo último del ser humano: alcanzar la felicidad. De ahí devino nuestra separación porque ya no nos hacíamos falta, ya éramos felices cada uno por sí mismo, demasiado ocupados en chotear, en maltratar y en que nos choteen.
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