miércoles, 1 de mayo de 2013

Recuerdo, Barcelona era una ciudad inhóspita, casi todo el tiempo acontecía una descarga frugal de meteoritos, las calles eran un atolladero de muertos, y yo por aquel entonces, dormía en una cama con los pies fríos y el pecho candente. Fue en el verano de 2009 en Albacete, el único que saltó por encima del pasado, y me tendió sus dedos amarillentos. La gente que no sabía andar caminaba con las manos y la punta de los pies, formando su cuerpo un arco bellísimamente torpe. Olía a jazmines y a humedad en esas noches, cuatro años atrás. Barcelona seguía estando ahí con su solida distancia. Ese año en las fiestas de gracia corrimos por las avenidas empedradas al ritmo de la muchedumbre y los timbales. Si alguien te pide cobijo dile que en la casa de mi padre hay muchas habitaciones, pero en la casa de mi padre no había ninguna habitación, todas estaban ocupadas por su densa tristeza y también por su locura. Ni siquiera yo tenía, ni tuve nunca, una habitación en su casa. Hace un tiempo  recordé, hablando con mi amigo, que ocho años atrás dormimos en la calle, creo que dormí sobre su hombro, era verano, olía a frituras, y a algodón dulce. Solo espero que no sea nada, porque nada se pospone después de la muerte.  En su azotea los carros pasan sobre la noche  meditando lánguidamente su próximo destino, mientras dos hombres orinan en una farola, es posible que incluso lleguen a salpicarse en algún rubro del destino, aunque nada sucede al mismo tiempo, si no con la lejanía propia de las cosas pasadas. Lima huele a mar ahora, y a esos mejillones que limpiaba en la pileta de mi casa unos meses atrás. Separó mis glúteos con tres dedos y me dijo que estaba recordando, mi culo estaba ahí, pero no estaba ahí. Es como esa catarata  acuosa que azulea el iris de los ancianos, que no les permite mirar para afuera, y miran siempre adentro, hacía donde queda todo aquello que fueron. Frente a la catedral de Murcia, la cruz de piedra nos observa. Encaminó sus pasos hacía nuestro bar, y lo llamó así con su consabida ironía.

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