sábado, 30 de marzo de 2013

El hombre de la causa


Estaba en la combi en el trayecto que te lleva de Miraflores a Barranco, cuando me llamó una amiga para preguntarme qué iba hacer, si iba salir y toda esa serie de cosas. Entonces colgué el teléfono y de ahí que me encuentro con una voz que me pregunta “¿Madrid? ¿Madrid?” Mi respuesta es siempre automática “No, Albacete, también en el centro, como a tres horas de Madrid”. ¿Por qué doy tantas explicaciones? Ni yo misma lo sé, es como si pensara que todas esas personas desconocidas pueden investigar  y contrastar mis datos, y a partir de eso percatarse de la mentira que sería simplemente responder“si, Madrid”. Pero por desgracia contesté como hago siempre, con la respuesta larga y sincera, y por desgracia también el hombre conocía Albacete, asi que ya estaba cagada, me tenía por los ovarios. Alto, como de unos cuarenta años quizá más, decía ser periodista, trabajar para la CNN o el Discovery Channel. Fue, en el momento en que me desveló su trabajo, que me empezó a hablar en inglés, y cuando terminó con el inglés continúo con el francés. Lo del inglés lo entendí, por lo visto había vivido algunos años en Nueva York, lo del francés ni papa. Después siguió hablándome de las cosas que comía y bebía en España, nombres que, por cierto, me eran totalmente ajenos, para de ahí preguntarme cuáles son mis comidas preferidas peruanas. Entonces le dije dos o tres, y volví a cometer el mismo error del principio, porque el tipo llevaba una causa dentro de un tapper, dentro este de una bolsa. “Si te gusta la causa tienes que probar esta me dijo”,  y yo “ya, no es necesario, eh de verdad”, pero el tipo tanto se empeñó, que en lugar de viajar hasta chorrillos, que es donde tenía que ir, se bajó en Barranco con la intención de pedir unos tenedores en un bar y compartir conmigo su causa. Baste decir que el tipo iba contento, no borrachazo pero obviamente tomado. Bajamos en Barranco, pide los tenedores, se los dan, nos sentamos en una banca y justo, cuando ya ha destapado la causa, con el movimiento más tonto que te puedas imaginar, se le cae la causa de frente contra el suelo. El tipo quedó desolado, y casi tanto como él, una barrendera que había por ahí, yo me desolé por ella,  que ahora tendría que limpiar el amasijo de papa y atún, y le ofrecí barrerla yo, pero eso le daba igual, sólo sufría por la causa. Asi que ahí estoy con dos personas sufriendo por una causa, sin saber muy bien como despegarme de este hombre que  me miraba a los ojos completamente apenado mientras me decía “¿te parece justo todo esto?”, y yo le contestaba “nunca pensé que existiera justicia” . “¿Me das tu número?” “No".

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