Estaba
en la combi en el trayecto que te lleva de Miraflores a Barranco, cuando me llamó
una amiga para preguntarme qué iba hacer, si iba salir y toda esa serie de
cosas. Entonces colgué el teléfono y de ahí que me encuentro con una voz que me
pregunta “¿Madrid? ¿Madrid?” Mi respuesta es siempre automática “No, Albacete, también
en el centro, como a tres horas de Madrid”. ¿Por qué doy tantas explicaciones?
Ni yo misma lo sé, es como si pensara que todas esas personas desconocidas pueden
investigar y contrastar mis datos, y a
partir de eso percatarse de la mentira que sería simplemente responder“si, Madrid”. Pero
por desgracia contesté como hago siempre, con la respuesta larga y sincera, y
por desgracia también el hombre conocía Albacete, asi que ya estaba cagada, me
tenía por los ovarios. Alto, como de unos cuarenta años quizá más, decía ser
periodista, trabajar para la CNN o el Discovery Channel. Fue, en el momento en
que me desveló su trabajo, que me empezó a hablar en inglés, y cuando terminó
con el inglés continúo con el francés. Lo del inglés lo entendí, por lo visto había vivido
algunos años en Nueva York, lo del francés ni papa. Después siguió hablándome de
las cosas que comía y bebía en España, nombres que, por cierto, me eran
totalmente ajenos, para de ahí preguntarme cuáles son mis comidas preferidas
peruanas. Entonces le dije dos o tres, y volví a cometer el mismo error del
principio, porque el tipo llevaba una causa dentro de un tapper, dentro este de
una bolsa. “Si te gusta la causa tienes que probar esta me dijo”, y yo “ya, no es necesario, eh de verdad”, pero
el tipo tanto se empeñó, que en lugar de viajar hasta chorrillos, que es donde tenía
que ir, se bajó en Barranco con la intención de pedir unos tenedores en un bar y compartir
conmigo su causa. Baste decir que el tipo iba contento, no borrachazo pero
obviamente tomado. Bajamos en Barranco, pide los tenedores, se los dan, nos
sentamos en una banca y justo, cuando ya ha destapado la causa, con el
movimiento más tonto que te puedas imaginar, se le cae la causa de frente
contra el suelo. El tipo quedó desolado, y casi tanto como él, una barrendera
que había por ahí, yo me desolé por ella, que ahora tendría que limpiar el amasijo
de papa y atún, y le ofrecí barrerla yo, pero eso le daba igual, sólo
sufría por la causa. Asi que ahí estoy con dos personas sufriendo por una
causa, sin saber muy bien como despegarme de este hombre que me miraba a los ojos completamente apenado
mientras me decía “¿te parece justo todo esto?”, y yo le contestaba “nunca pensé
que existiera justicia” . “¿Me das tu número?” “No".
sábado, 30 de marzo de 2013
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