Me da mucha pena porque se comporta
como un niño, se abraza a mi cuello con toda su fragilidad, y yo le digo ay
ya, supéralo, no seas niño, y le digo, ya hazte grande, yo no te quiero así, deja
de llorarme encima. Pero en otro lugar, y en otro cuello yo estoy igual que él,
y alguien penosamente tendrá que recordarme, lo hará probablemente, que ya soy
adulta, y que ya pasó la edad de los pucheros.
domingo, 25 de noviembre de 2012
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