La he visto pasar antes,
Asustada, moviéndose lentamente con su mirada
De vaquita mansa, entre la gente del bar.
A punto de toparse con el micrófono,
Con las manos en los bolsillos,
Se dirige hacía nosotros su melena castaña
Y su miradita mansa.
Esperamos a que se siente y ahí es que me rio,
Porque deja tras su tercio un estruendo de metal.
Entonces estudia con sus deditos la mesa, la palpa,
Como si fuera un herrero de sesenta años.
¡Estaba tan linda, tan
etérea, con su vuelo tímido por el camino,
En medio de la seriedad del recital!
Ella que hizo toda esa jugada maestra
Esquivando a unos y a otros,
Regateando con su abrigo, virtuosa del disimulo amarillo...
Una lástima! Le perdió solo la chilena del final, al dar directa al palo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario