sábado, 3 de noviembre de 2012



La he visto pasar antes,
Asustada, moviéndose lentamente con su mirada
De vaquita mansa, entre la gente del bar.

A punto de toparse con el micrófono,
Con las manos en los bolsillos,
Se dirige hacía nosotros su melena castaña
Y su miradita mansa.

Esperamos a que se siente y ahí es que me rio,
Porque deja tras su tercio un estruendo de metal.
Entonces estudia con sus deditos la mesa, la palpa,
Como si fuera un herrero de sesenta años.
¡Estaba  tan linda, tan etérea, con su vuelo tímido por el camino,
En medio de la seriedad del recital!

Ella que hizo  toda esa jugada maestra
Esquivando a unos y a otros,
Regateando con su abrigo,  virtuosa del disimulo amarillo...

Una lástima! Le perdió solo la chilena del final, al dar directa al palo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

  La habitación de blanca ilusión y la abuela iluminada Entraba allí la luz filtrándose como si no hubiera en su vida grandes ausencias ...