domingo, 17 de junio de 2012

En Madrid camino por Embajadores


Debe ser el barrio más feo de la historia

Y yo llevo dos horas recorriéndolo de principio a fin

Quería encontrar algo en esta ciudad que me animara

Que me ilusionara, y lo único que conseguí es quedarme encerrada

En Embajadores, sé que muy cerca está Lavapiés,

Y sin embargo me quedo retenida en este buckle infernal

Donde no hay juventud, sólo niños y viejos

Donde hay perros que andan solos y una enorme autopista

Las casas de protección oficial se adhieren ahora a mi piel y forman

Una fina película alrededor de mí

Al cabo de tres horas se me ocurre preguntar cómo salir de ésta

llevo el barrio colgado a la espalda, como un mono, y la gente lo ve

Necesito orientarme y pregunto a una viandante cómo llegar a Lavapiés

Resulta ser drogadicta o ex-drogadicta, lo sé por sus gestos y por su actitud

Me indica perfectamente bien el camino

Y además me sigue en la letanía de esta tarde calurosa,

A unos metros de distancia, y me indica:

“no pases por esa calle, huele mucho a meaos”

Y al tiempo: “Si, si por ahí, a la izquierda. Ahí está”

Al final consigo llegar al barrio de las especias

Está lleno de vida, cientos de cuerpos se cruzan, de distintos colores

Todos a un tiempo, se escucha música, y risas en los bares

Me sobrecoge tanto efluvio social, yo también estoy seca como

Las piernas de las abuelas del complejo residencial,

 por el que pasé cien veces esta tarde.

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