domingo, 1 de marzo de 2009

Todo el mundo decía que te parecías al Ché
A mi se me antoja que sí, que te parecías a él.

Sólo que tu tenías,
en lugar de revoluciones y guerrillas,
en lugar de Sierra Maestra,
en lugar de la muerte en Bolivia,
una exasperante renuncia en la mirada.

Incluso cuando afirmabas negabas con más ansias,
y yo te veía así luchando contra ti mismo
convencido en realizar el dogma
en cruzar el oceano, en escalar la cima
en recitarme meridanos.
Que sólo quería abrazarte
y quererte, sin idolotrías
por discursos ejemplares,
sino con plena consciencia
de conocer como se conoce a tu hermano.

Aún sabiendo que tu batalla,
por más sincera que fuera,
(en eso sí que fuiste clavadito a él)
estaba perdida de antemano.

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