viernes, 12 de junio de 2015

Sin invierno en Lima





Primero se  va velando un poco el negro, como si de él empezara a trasponerse un azul, al principio discreto, que finalmente termina por alcanzar la supremacía. El poster de la luz blanco, y las casas colindantes, también blancas, han estado toda la noche bañadas por la luz amarillenta que proyecta la farola del costado. Nos hemos quedado sin invierno este  año debido al fenómeno del niño, por lo que llevo meses extrañando esa neblina que tantas veces confundí con las espesas cejas de dios, y que con su penetrante olor te llenaba la casa de algas, redes, barcas, choros, pescados, sal, guijarros y arena. 

Ahora ya las cosas no son como eran, antes el invierno te renovaba, o al menos te engañaba de alguna manera, más  emocional que tangible. Y te levantabas de la cama con la seguridad de que todo iba a cambiar, de que el paso de una estación a otra era un hecho promisorio. Ah respirabas esa niebla, y la niebla se iba contigo  a trabajar, y calaba tu abrigo, y calaba  tus huesos. Recuerdo haber usado chelina en Perú, ¡de eso hace tantos años!  Yo debía tener veinte y pocos. Pero ahora ya no hay invierno para nosotros  y los peces en el muelle de Chorrillos lo saben, y yo alguna vez me revolqué con alguien en esa playa, junto al muelle, y luego ese alguien terminó siendo mi tormento, ¡hasta el día de hoy!, ¡y es que es tan difícil renovarse si no hay un cambio de estación! Somos animales, y los animales más que ninguna otra criatura entienden de estas cosas. 

El gato succiona leche imaginaria mientas amasa mi triste carne con sus patitas, arriba y abajo, primero una, luego otra, de manera sostenida, y todo ello acercando la cara a (en el mejor de los casos porque resulta más real) mi teta, que en algún momento podría contener leche, eso nunca se sabe. Pero cuando resulta verdaderamente triste la performance felina, es cuando  acerca su naricita rosada a mi brazo, o a mi barriga y cierra los ojos y empieza a succionar. ¡Pobre animal! ¡Como añoras la infancia! ¡Como añoras a tu mamá! Si hubiera un cambio de estación podrías renovarte, olvidar todos esos recuerdos, empezar a asimilarte próxima a la adolescencia, el primer celo. ¡Ahhh, sí el primer celo! El ritual de paso femi-lino! ¡Dejarás de ser una ñina Buffy!, ¡serás una adolescente! Aunque cabe la posibilidad de que no ocurra nada esto, es factible que te quedes detenida en el tiempo como este insufrible verano  limeño. 

El fenómeno del niño, el calentamiento del Pacífico oriental ecuatorial, consta de paridad femenina, ya ves que Platón no estaba tan errado en ese célebre discurso que nos ha hecho creer a todos el mito de la media naranja. El Niño tiene su Niña, la fase de enfriamiento del Pacífico oriental ecuatorial. ¡Ahh! ¡Hasta este absurdo fenómeno que me ha robado el invierno, la inspiración y la posibilidad del cambio! Ni por molesto está solo, en cambio yo como dice The Smiths, tengo que empezar a replantearme tantas cosas… If you´re so funny the why are you on your own tonight? And if you´re so clever then why are you on your own tonight?  

También puede ser que haya personas genéticamente predispuestas a la soledad, y que Morrisey y yo formemos parte de ese tipo de club, que pide como requisito para pertenecer al mismo, la constatación de diez horas semanales de monólogo con tu gato. Puede ser que, incluso, seamos tres los miembros: Morrisey, Pessoa y yo. Aunque en realidad Pessoa está muerto, pero por antiguo y por versado en saudades, bien podríamos nombrarlo miembro fundador de la hermandad. Y bueno, todo esto sería más llevadero con un poco de garúa, la garúa es la savia  del triste, el respirador artificial del depresivo, aunque en realidad un antídoto infalible para terminar de asimilar la soledad no es la garúa sino la lluvia amazónica. La gota de agua enorme repleta de peces que bajan del cielo coleteando y dejan descansar sus escamas sobre nucas y hombros. Cómo me gustaría estar debajo  de este torrente de agua ahora mismo leyendo ese poema de Bukowski que dice: The are worse things tan being alone but it often takes decades to realice this and most often when you do it´s too late.

Hace tiempo que la gata no me amasa la carne, debe estar meando sobre mi tomatera mientras mira la lluvia caer.

martes, 2 de junio de 2015

Me acompaña una sensación de vacío
Casi desde el mismo día
En que entendí el otoño
Y el verano
Sin saber muy bien si lo que siento es tristeza
O es melancolía
Nos han dicho que tenemos que vivir
Que tenemos que hacer esto
Y lo otro
Salir a la calle con la ropa ordenada
Y trabajar, ¿y trabajar en qué? y ¿para qué?
Si allá fuera está el campo y la roca
El árbol y el río
Y algunos animales cavando madrigueras
Que luego ocultarán bajo las hojas
¿te acuerdas en el acuario?
te impresionò mucho el excremento alargado que colgaba
de los cuerpos de los peces
¿què es eso dijiste?
Obviamente es caca
Pero no podìas creer que fuera cierto
Y te obstinabas y te obstinabas
Debe ser comida
Dime a ver si no, ¿por qué la llevan pegada?
Y como no alcancé a entender ese razonamiento
Simplemente hice una mueca y bostecé

Lluvia

Profesores varados frente al huellero
Esperan que sean las ocho cuarenta y cinco para poder marcar
Mientras la universidad empresa les elige las corbatas ochenteras
Donde priman las formas geométricas
Y los colores ocre y granate
Fuera està lloviznando
Los monjes budistas ya no miran la lluvia caer
Sobre el agua del estanque
Ahora miran los cristales relucientes

que dejó ese accidente en la sexta de Arequipa
sobre el asfalto
Y solo la voluntad de dos personas puede extenderse
en la acera e impedirte por completo el paso
Pero el metropolitano avanza
Y el travesti de la peluquería de Bulevar
Vuelve a mostrar el ombligo 

pese a la lluvia

domingo, 10 de mayo de 2015



Tienes un gato. Parece que has conseguido que tu gato entienda algunas cosas, crees que es capaz de obedecerte, al menos, en la mitad de las órdenes que le das al cabo del día, aunque no sabes si esto se debe al azar o a una verdadera praxis de entendimiento. A veces hablas con tu gato,  y tu gato a veces te contesta miau miau, y crees que todo eso forma parte de un diálogo vivo , hasta mordaz, porque te sorprendes diciéndole cosas ingeniosas, cosas que cualquier humano podría valorar, incluso elogiar. Son las diez de la noche, has estado todo el día trabajando. Entraste a las nueve a la universidad, has dictado seis horas con algunos largos espacios entre ellas. Cuando lo tenías en la mente todo era más sencillo. Existía una vaga esperanza de que preparara algo para cenar, de que te invitara a compartirlo. En esa época todavía no tenías a tu gato, pero tenías esa lejanísima esperanza. Tan lejana como los indígenas de Papúa Nueva Guinea. A veces esa esperanza era tan intensa que removía todo tu sistema circulatorio y parecía poder electrificar tus aparatos de cocina. Ahora tu gato te mira mientras tecleas con sus ojos profundamente ciegos.

  La habitación de blanca ilusión y la abuela iluminada Entraba allí la luz filtrándose como si no hubiera en su vida grandes ausencias ...