domingo, 30 de marzo de 2014

En el frio desierto de Colorado


Allá, en el frio desierto de Colorado, John Scalarte, el hombre más duro de ese lado del hemisferio veía caer el sol entre las ponzoñas mesetas. Éste se había oscurecido al principio, para después ir dando paso a la luz, mudando  progresivamente de los destellos naranjas, al amarillo más luminoso que terminó desembocando en un blanco plateado y resplandeciente. Así fue como Scalarte no vio ocultarse el sol ese día, como tantos otros días, cuando volvía de apear el ganado. Todo lo contrario, su gesto cedió esa tarde al impulso dubitativo del entrecejo, que en una mueca de asombro, echó a perder la rigidez y la dureza que había acompañado esas facciones  durante los últimos cuarenta años.  John Scalarte contempló atónito como volvía a amanecer en el preciso momento en que dejaba caer la soga con la que doma asiduamente, sujetándolas del cuello, a sus vacas y toros. Se dijo para sí mismo que debía haber un error, quizá  todo ese atardecer, más la jordana de trabajo, no era más que parte del sueño del que acababa de despertar para encontrarse con un nuevo día. Sin embargo no podía negar que estaba de pie en medio de la llanura rojiza que un día, no tan lejano, Estados Unidos arrebatara a México. No podía negar tampoco el vivo recuerdo que tenía de su mujer quince horas atrás, en el momento en que ella le extendía el café humeante, y él terminaba de abotonarse la camisa, mientras mascaba tabaco  y la luz  cautelosa del amanecer se abría paso en su habitación.

Una vez rechazada la idea de que se trataba de un sueño, como buen hombre  de campo, comenzó a pensar en las implicaciones que podía tener la ausencia de noche para su ganado. En primer lugar, el celo de las vacas estaba por llegar y, como todo el mundo sabe, este depende mucho de la  influencia de la luna. Si sus vacas perdían esa oportunidad de aparearse tendrían que esperar otro año para concebir  terneros, la leche no se renovaría, se agriaría, y por más que él se la extrajera,  el resultado nunca sería el mismo.  En cuanto a los toros no quería ni pensar qué sería de ellos. Probablemente acabasen todos locos despeñándose por uno de estos precipicios que, sin previo aviso, de repente aparecen  dibujados en el terreno bajo  tus pies. La vigilia tampoco habría de ayudar mucho a suavizar el carácter de esos toros que no consiguieron aparearse en el momento en que tenían que hacerlo. Vigilia, porque puede apostar que ni uno sólo de sus animales estará durmiendo en este momento, ni siquiera el perro labrador que ahora debe rodear con grandes jadeos y coletazos la cerca de madera que contiene el ganado, a la espera de que él, como cada mañana, le lance su mendrugo de pan a modo de saludo.

La llanura erosionada por donde corrían cientos de bisontes hace algunas décadas, presentaba el reflejo metálico del sol alzándose sobre el horizonte. Podías hacer muchas cosas si eras un llanero y estabas solo en kilómetros a la redonda pero, sobre todo, el tiempo existía allá, en la llanura, para  contemplar la naturaleza y pensar. John solía pensar en los bisontes cuando alzaba la vista y oteaba el horizonte. Todavía le parecía adivinar su muda carrera haciéndose sonora con el progreso de su cercanía. Todavía podía recordar con total exactitud la musculatura precisa de sus patas removiendo la tierra. Era  simplemente precioso ver toda esa vitalidad, toda esa fuerza arrasadora, cruzando el desierto caluroso por el día y gélido por la noche.

El correr de los bisontes le recordaba a su infancia a las orillas del lago, cuando éste no contenía tanta sal,  y en él podían beber tranquilamente antes de retomar la carrera, Dios sabe hacia dónde. Eso era lo más bonito- se decía John- verlos correr sin rumbo y sin ningún motivo, todos esos lomos agitándose convulsamente sobre la pradera, todos con un trotar similar perdiéndose de su vista a la vez. De la cifra estimada de 60 a 100 millones de búfalos (el otro nombre que recibe esta especie), quedaban apenas unos cientos a finales del siglo diecinueve  debido a la caza desaforada que se hizo de ellos.

Sin embargo John todavía podía verlos y para él eran tan reales,  como aquella vez que, en su tierna infancia, su padre le enseño a sostener un rifle y a esperar pacientemente tras un grupo de rocas a que uno de ellos se separase del resto para, entonces, apretar el gatillo e ir luego junto a la victima abandonada al fin por sus iguales. Jadeante el venado esperaría la mano infantil de nuestro protagonista que, con curiosidad y miedo, habría de posarse sobre la herida abierta hasta notarla palpitar bajo sus huellas dactilares, dejando que la sangre caliente fluya y la recorra hasta el codo.

Zambo estaba justo dónde esperaba encontrarlo, dando vueltas de un lado a otro de la cerca, con vitalidad desmedida, sobre todo para tratarse de un perro que lleva más de quince horas en actividad. Al verlo aproximarse el labrador ladrará, coleteará, girará rápidamente alrededor de la figura de su amo, dándole  tiempo a que introduzca su mano en el bolsillo, y saque de él un trozo de pan que se llevará al estómago en dos tiempos; primero agarrándolo en el aire con los dientes, y después dejándolo caer al interior de la boca. El perro se contenta con ese pedazo de pan, y John con su llanura, con la línea de fuego que el sol extiende a lo largo del camino. Las vacas descansan sobre la sombra que proyecta el techado que construyó junto con David la semana pasada. David es el hijo del dueño de la hacienda más cercana, por supuesto como todas las grandes familias de hacendados a este lado del Rio Colorado, su hacienda ya no se mantiene con lo que ésta produce, sino con el lucrativo negocio del petróleo que tiempo atrás,  llenó la llanura de buscavidas  y después de ellos de pozos petrolíferos.

Uno no sabe en qué momento todo puede cambiar, sólo tiene la certeza de que las cosas han de cambiar. Puede que nunca más se oculte el sol, así como nunca más volvieron a aparecer manadas de bisontes, así como su padre no se escondió más tras unas rocas pendiente del pulso de su hijo. La vida es totalmente impredecible, tanto así que de la noche a la mañana puede quitarte aquello que tenías por propio y natural. Puede que, incluso, en determinado momento, no se dé más el paso de la tarde  a la noche.

 ¿Qué pensará Lisa de todo esto? Sólo ahora que ha visto a su ganado en estado normal, sin la confusión que pensó, sufriría, sólo ahora que su labrador engulle un trozo de pan imaginario (pues al no pasar por casa no había mendrugo de pan en el bolsillo), sólo ahora se acuerda de Lisa, quien probablemente estará asustada.

Lisa y su larga melena castaña siempre recogida en un moño a la altura de la nuca. Lisa y sus manos fuertes acostumbradas a trabajar la tierra. Lisa y su fe ciega en Dios. Lisa  y su incapacidad de tener hijos. Lisa lo estaba esperando como cada mañana con el café humeante en la mano. - Buenos días querido. Anoche llegaste tarde, perdona que no te esperase despierta pero fue un día muy duro y estaba muy cansada. Susan pasó por aquí y estuvimos recogiendo fondos para la iglesia. Ya sé que me vas a decir que qué diantres me importa a mi esa iglesia si queda tan lejos que Dios ni nos puede ver desde allí, pero  ya sabes que yo creo que Dios está en todas partes. Tienes cara de cansado quizá deberías dormir un poco más. También pasó David por aquí, dice que irá hoy a ver como quedó el techo que fabricasteis.

El sol cegador consume poco a poco la piel. La va agrietando, la va plegando sobre los huesos y la carne. El sol tiene ya tres días seguidos sobre el horizonte, pero nadie parece darse cuenta de eso, solamente John está sufriendo ese cambio, solamente él sabe lo que se siente cuando esperas que se aparezca la noche sin esperanza alguna de que esto vaya a suceder.

Cómo todos siguen haciendo sus vidas, completamente ajenos al problema, él tampoco ha cambiado su rutina para adecuarse, así, al ritmo de los demás. No tiene idea de cuándo duermen, sólo sabe que se irá a trabajar y que volverá del trabajo, para volverse a ir a trabajar, y que en ese interludio supuestamente habrá sucedido un día. Sabe que su mujer le dirá: - Pareces cansado, quizá  has contraído algún tipo de enfermedad. Pero también sabe que ella cree que pasó la noche a su lado. De hecho no hay forma de convencerla de lo contrario. Para ella, para el ganado, para el perro labrador Zambo, para David el hijo del hacendado y para Susan la beata, anochece todos los días, y todos los días se  lavan la cara y los dientes, y rezan sus oraciones, y dejan de mover la cola, y dejan de rumiar la hierba, y se meten en una cama mullida, o se acuestan sobre el pasto debajo del techo que construyeron David y John, antes de que todo cambiase para uno de ellos.

Igual fue cuando murió su padre. La gente seguía haciendo las mismas cosas, inmersos en sus rutinas y John no podía entender cómo era posible eso. Cómo podían saludar, comer y dormir, en ese momento en que para él, todo había cambiado.

 


lunes, 17 de febrero de 2014

El torso perfecto



Tienes un torso perfecto

Es lo que pienso mientras corres de aquí para allá con tu cámara de fotos
Para terminar tomándome una instantánea en la que me abrocho el sujetador
Te parece una buena idea aunque la foto está al trasluz y no se ve prácticamente nada
Debes haber pensado que había que inmortalizar el momento
Yo pienso lo mismo por eso me detengo en
tu torso iluminado por la luz que filtra la ventana

 Las mujeres tienen la misma seguridad que tengo yo
Con respecto a tu torso
y te esperan en los bares
Y se aparecen una y otra vez
Como por casualidad
Y luego se molestan y te sacan del facebook

Te entiendo perfectamente
Es más, ni siquiera debería escribir ni publicar este poema
Porque mi torso nada desmerece
y mis hombres se podrían molestar

domingo, 9 de febrero de 2014


 Me parece que una buena descripción de mi situación empezaría por relatar a grandes rasgos cuál es mi estado anímico. Podría empezar con un ahora mismo siento o ahora mismo estoy pero prefiero transcribir la conversación que mantiene  mi cerebro: Odio que la gente hable con los gatos, en general odio a la gente que habla con animales pero mucho más odio a la gente que habla con  gatos. Mi vecina hace eso todo el tiempo, habla y habla con su gato en un idioma ininteligible, sé que es francesa porque mi amigo me lo ha dicho, pero desde luego no se expresa en lengua franca con el gato, con el que habla en un dialecto parecido al japonés. La oigo orinar y la oigo hablar con el gato todo el tiempo en japonés, y por lo que escucho puedo deducir que la francesa suele saludar al gato, decirle una frase incompresible y de ahí mear. Suele mear, como muchas mujeres, en dos tiempos, un chorro que nace y se interrumpe, un segundo chorro que precede al primero, después se  sucede el sonido de la cadena del wáter. El gato debe estar esperándola en el umbral de la puerta del cuarto de baño, o quizá tenga su cajita de excrementos ahí.  He visitado varias casas que tenían la cajita de excrementos  felinos en el suelo del cuarto de baño junto al retrete de los humanos, por lo cual no me parecería demasiado extraño que la francesa y el gato orinaran a la vez mientras la primera habla  nipón y el gato apenas maúlla. Bien pensando sólo sé que es un gato porque mi amigo me comentó que la francesa tiene gatos,  de modo que cabe la posibilidad de que ni exista el gato, ni mi vecina sea francesa, cosa que a su vez,  tendría sentido  ya que para mí, como para mucha gente, resultaría más lógico que mi vecina fuera efectivamente japonesa, y no que adoptara ese idioma para hablar con un gato que quizá ni exista, pues me baso únicamente en un comentario de mi amigo, y las palabras son lo que son, pero no son hechos comprobables.

Desde las diez de la mañana que llegué a mi casa no he oído otro cosa que a la francesa meando, la cadena del wáter, y el supuesto japonés que sale en forma de maullido agudo con el propósito tal vez de suplir el silencio felino. De todas formas estoy feliz de escuchar a mi vecina psicópata o no, todo depende del crédito que dé a las palabras de mi amigo, estoy feliz de escucharla porque eso significa que estoy sola  y que lo que pasó esa noche ha quedado atrás hasta nuevo aviso, por lo menos. Eso significa que como siempre me tengo a mí, y al rumor de la gente que odio y que habla con gatos para almidonar la soledad, que yo ahuyento también gracias a ese aullido japonés inclemente. Pero la otra noche en ese bar no estaba sola, al menos no de esta manera, dicen que siempre estamos solos y creo que tienen razón en eso porque uno sólo puede contar con uno mismo en la medida en que la gente tiende a morirse o a abandonarte cuando menos lo esperas, así que en esencia estamos pretéritamente solos, aunque estemos acompañados en determinados momentos. La otra noche era una de esas noches en las que una está acompañada en soledad. En la mesa que localicé desde el umbral de la puerta estaba mi amigo, con el que había mantenido relaciones que ya no mantengo, un colega gordito de él, con el pelo largo y alborotado, cuya voz se parecía mucho a la de alguien con quien he mantenido relaciones también pero que ya no mantengo, y por eso el gordito me cayó bien desde el principio y me dio cierta ternura y puede que ganas de abrazarlo, y puede que, en algún momento de la noche, incluso lo abrazara. Al lado de ellos, estaba un poeta local al que tardé mucho en reconocer pero que acabé reconociendo por mí misma, cosa de la que al final me sentí orgullosa pues desde hace años mantengo una lucha férrea con mi memoria que no es nada visual, o es visual selectiva y sólo recuerda las cosas que tienen forma de palabras; nunca una película, una cara o el lugar donde puse las llaves, nunca el emplazamiento del sitio  por el que pasé mil veces, pero siempre en todos los casos, ese libro o ese poema que leí.   El caso es que cuando pienso en mi odio hacia la gente que habla con los gatos me imagino a tantos celebres escritores que amo, los cuales a su vez amaban a los gatos; ahí están los maduros Bukowski,  Cortazar y Burroughs acariciando con sus plateados cabellos los cabellos plateados de sus gatos, colocando cuenquitos de leche sobre las baldosas de sus cocinas mientras susurran a sus felinos, no en japonés pero sí en porteño con dejo francés y en inglés norteamericano.

Le vi salir de la noche con sus ideas desordenadas, le vi hablar con esa vieja y pensé: este está tan loco que se va con la vieja coquera. La verdad que  no sabía que estaba en coca porque yo no consumo esa droga y, por lo demás,  soy bien inocente en lo que a sus efectos se refiere, lo que muchos señalarían como efecto de la droga, yo con mi falso titulo de psicóloga argentina, lo atribuyo a la soledad atorrante que intentan compensar ciertas personas en la noche  del fin de semana dando rienda suelta a su verborrea. Y así fue como analicé a la mujer de sesenta años, vestida con una blusa ajustada que sacaba a relucir la total ausencia de curvas que componía su menopáusica anatomía, y me dije mirando esa falda plisada “ahí adentro hay un páramo seco” mientras su lengua gravitaba de un lado a otro de la boca sin que yo pudiera identificar ese como un efecto de la cocaína. También pensé que su actitud podía ser un intento desesperado por ponerme celosa, a mí, que en ese momento acaparaba la atención de cinco hombres, hacía los que no sentía ningún tipo de atracción más que por el gordito y  únicamente por esa asimilación nostálgica que su voz me devolvía de otros tiempos. Quise esperarte pero me habías negado en el pasado tantas veces, que supongo que, debido sobre todo a ello la cagué, y no te esperé sino todo lo contrario, bajo la tupida luz de las negaciones que me dirigías, tantas veces como judas negó a Jesús Cristo. Ahora otra vez vuelvo a cagarla al tiempo que lo separo de la señora cocainómana, y digo: “vámonos ya”.

jueves, 30 de enero de 2014

Un poema de Paul Celan interpretado por George Gadamer



Mantenerse de pie a la sombra

Del estigma en el aire

Mantenerse de pie

Para nadie ni para nada

Irreconocible

Para ti solo

Con todo cuanto tiene espacio ahí  dentro

Incluso sin lenguaje

 

Sacó el poema que había copiado de una rareza propia de coleccionista, la cual encontró de absoluta casualidad  en la sección de filosofía de la Liberia donde trabajaba.  El libro llevaba por nombre: “Quien soy yo quien eres tú?: Comentario al  poemario  Cristal de Aliento de Paul Celan. Estuvo leyendo cada uno de los pequeños poemas, todos perfectos, todos breves, todos concisos y a la vez etéreos. Pequeñas obras de artesano oriental minuciosamente trabajadas en un taller  de un pueblo olvidado de Japón, donde apenas pasa nadie, por cuyas calles no se ha visto nunca circular un coche y en cuyas casas no se prende nunca un televisor. Y ahí en ese pequeño taller, un anciano de larga barba blanca  enluce a diario  esas pequeñas joyas, que después guarda en cajitas de cristal herméticamente cerradas para que nada las contamine. El filosofo alemán Hans George Gadamer debió sentir la misma pasión por los poemas de Celan pues escrupulosamente los contempla, y poco a poco va tirando de sus hilos, componiendo un  un tapiz  metafísico de las enseñanzas del  escritor rumano..

Nuestro protagonista, después de rechazar la idea de comprar el libro, cuesta cincuenta y dos soles, y cuenta con cuarenta para vivir tres días, después de rechazar la idea también de robar el libro (todavía no está preparado para dar ese paso, lleva como quince años sin robar nada, y entonces ,a los quince años, robaba bollería en un centro comercial que quedaba al lado de su instituto, es decir,  robaba cosas menores, por ello cree que, de volver al arte de apropiarse de lo ajeno, habría de ser de forma gradual) después de rechazar ambas ideas, arranca una hoja de un cuaderno que tiene justo al lado de la computadora, donde a diario buscará entre cien y doscientos libros, y empieza a escribir: Mantenerse en pie…

La escritura es rápida, comete varios errores, que se traducen en varios tachones,  pero finalmente sólo ha de verlo él, así que poco importa la limpieza del escrito. Las tres próximas horas serán, como siempre son, de rutinario trabajo, moverá libros de un sitio para otro, hará espacio en estanterías atestadas, seguramente un libro caerá de alguna parte como paracaidista en misión especial, con el acierto preciso para aterrizar en sus gafas,  lanzará al aire una expresión de queja, se quitará las gafas, las mirará, están torcidas, si o no, igual no puede hacer nada por ponerlas rectas, y después de ir a varias ópticas de Lima con ese propósito, está empezando a asimilar que nadie  puede hacer nada por ponerlas rectas.

Después llegará la hora del almuerzo, de dos a tres,  y ahí sacará el poema que durante esas horas sabía guardado a buen recaudo en su bolsillo. Mantenerse de pie a la sombra del estigma en el aire/ Mantenerse de pie/ para nadie ni para nada/irreconocible/para ti solo/ para todo cuanto tiene espacio ahí dentro incluso sin lenguaje.   

Con esa relectura se sentirá feliz, y se sentirá triste también. Feliz porque siempre es asombroso que haya personas, en muchas ocasiones, totalmente contrarias a uno, totalmente alejadas del campo de acción de uno, personas que nunca conocerás y que nunca te conocerán, al menos personalmente  y que, sin embargo, tienen  esa capacidad de abrir un huequito en nosotros, de mirar dentro y ver qué es lo que diantres tenemos ahí. Nuestro protagonista, como decía Celan, tiene su vacio, totalmente lleno, así como lo tienen muchas personas aún sin saberlo. Solo las personas conscientes de la plenitud de su vacio conseguirán ser felices , al menos como primer paso, el segundo paso, tan importante como el primero es dedicarte por entero a la plenitud del vacio. Nuestro protagonista, como decimos, tiene algo que lo llena, un vacio que cubre  cada ápice de su interior. Por eso, cuando entre cucharada y cucharada de sopa, lee el poema a una de sus compañeras de trabajo, y los versos van y vienen por esa pequeña cocina de paredes blancas y mesa blanca, y cuando, al termino del mismo la compañera se ríe y dice: “Asuuu tú sí que estás enamorado” Nuestro protagonista sonríe, y baja la cabeza ligeramente ruborizado, mientras dice: “No se trata de eso”, y no da más explicaciones porque qué sentido tendría darlas.

El poema le hace feliz pero como también dijimos lo pone, a la vez,  bastante triste. Se siente un traidor, un embustero, un pusilánime, alguien carente por completo del arrojo necesario para vaciarse de todo y dedicarse a lo único que tiene sentido. ¿De verdad comer es tan importante? ¿De qué sirve mantenerte con vida si la vida que tienes no es la que quieres? ¿De qué sirve poder pagar un alquiler sí tu casa sólo es un sitio donde llegar agotado del trabajo, y no pasar frio mientras duermes que, a la postre, es lo único que haces ahí? ¿ De qué sirve vivir si trabajas diez horas al día, si ves todos esos libros que son tu gran amor y no los puedes leer? Y no puede si quiera intentar escribirlos.  ¿De qué le sirve a nuestro protagonista vivir si no se puede dedicar así mismo, si no se puede vivir  la literatura?

Como diría  Bakunin, algo anda mal en un mundo en el que la gente no se puede dedicar a sí misma. Quizá haya que destruirlo todo para construir algo nuevo, algo que tenga sentido. Quizá esa apuesta tenga que ser individual, fracasados los grandes proyectos comunitarios con la caída del muro de Berlín. Quizá deba ser el esfuerzo de cada uno por sí mismo el que marque la diferencia. Quizá nuestro protagonista deje hoy el trabajo.

martes, 28 de enero de 2014

CRÓNICA POÉTICA DE UN AMOR IMPOSIBLE



Un seguimiento por la historia de  ese amor podría realizarse, de manera más o menos precisa, a través del testimonio poético que ha dejado la autora. Se suceden a continuación varios poemas que fueron escritos desde  finales  del año 2009 hasta el año 2012.  El primero de ellos sería:

 

Estuvimos cogiendo como auténticos desesperados

Como retrasados mentales

Toda la noche como quien espera sobrevivir a una sobredosis

Las manos palpando las luces de la calle

En su angostura la raquítica luz de las farolas

 

En ese momento en que perdimos algo

Lo perdimos todo

Y nos dio por pensar en animales camuflados

En una selva de humedad y de raíces altas

Saliendo de la tierra doblando nuestros cuerpos

Como espías morbosos

Cuando mi lengua comenzó a recitar en arameo

Poemas de la península del Sinaí

Por suerte fue a él a quien le sobrevino

la culpa del pueblo errante

mientras yo sentía únicamente el peso de la arena del desierto

 

Una clara alusión al follaje  de la naturaleza en ambas acepciones de la  palabra.  El texto es obviamente un poema de la primera época, mezcla de arrechura, una lectura fugaz de William Blacke, y el monotema inherente en la obra de Philip Roth ; el pueblo judío, con el que la autora siempre se sintió identifica. Corresponde a esta primera etapa pues predomina en él  la variable sexual que poco a poco iría cediendo paso a la romántica. Por otra parte, nótese la referencia a lo que, para la poetisa fue el principal inconveniente en la materialización de esa relación, a saber; la  amistad “traicionada”, que puede leerse entre líneas en los últimos versos, y que consciente o inconscientemente, la autora asimila a  la moral judeocristiana, y a la vida entendida como un valle de lágrimas,  concepto sobre el que Nietzsche despotricara en su obra capital “el Anticristo”,  que  sirve a la autora para establecer una parábola entre la conciencia y la necesidad de vivir.  Pese, a que en la primera parte del poema se atribuye a sí misma las características del pueblo judío, termina apostando por asemejarse al superhombre del filosofo alemán, de ahí que concluya: “mientras yo sentía únicamente el peso de la arena del desierto”. Sin embargo, superada la culpa propia, le infiere esa característica a su amante que es quien, en última instancia, termina arrastrando el peso de Yahveh: “Por suerte fue a él a quien le sobrevino la culpa del pueblo errante”. Este poema fue recitado en el “Café bar Indiano” en el año 2011, y probablemente fue escrito en Murcia a finales del año 2009, quizá a principios del 2010, lo cierto es que los distintos especialistas que han estudiado la obra de Miriam Encarnación no pueden dar con la fecha exacta, pero si con el lugar de creación, quedando claro que con toda probabilidad, este poema fue escrito en Murcia.

El siguiente texto de la serie también hace referencia a la temática sexual, pero  guardando amplia distancia con respecto al anterior:

Por supuesto no estás enamorado

¿Follar por deporte?

desde luego que lo hacemos bien

abrazar por deporte

besar por deporte

hablar por deporte

conocernos por deporte

confesiones por deporte

reírnos por deporte ...

me gustaría saber ¿quién mierda dijo

que el deporte es sano?

Podemos decir que ésta es quizá, la obra más popular de Encarnación. Ha sido leída en todos los recitales en los que la albaceteña ha intervenido (Albacete 2011 y 2012,  y Lima 2013) siendo alabada por la crítica y el público. En este texto queda obviamente reflejada la influencia de dos de los poetas más valorados por la autora: Charles Bukowsky y Roberto Bolaño. Lo que en un primer momento era simplemente el impulso sexual que se debatía entre la culpabilidad y la libertad, termina transformándose en una  auto-aceptación de la rabia, que se desprende del hecho de reconocerse un objeto, y a la vez saber que para ambos, se trata  de algo que va mucho más allá del impulso sexual que fue medular en la obra freudiana.  El autoengaño del amante es, de esa forma,  asimilado por la autora, que no carente de ironía, banaliza el sexo y el amor, para en el último verso, conferirles en forma interrogativa toda su importancia. De lenguaje mucho más directo, y en absoluto metafórico, este poema recuerda el otro de Bolaño “Lisa”, con un cuerpo poético de emociones contenidas, no es hasta el último verso que el autor abre su corazón y deja que sangre. Esa declaración final del escritor chileno: “las dos peores horas de mi vida”, podría ser un claro reflejo de "¿quién mierda dijo que el deporte es sano?" salvando las distancias, por supuesto.

Este poema fue escrito entre el año 2010 y el año 2011, tampoco los encarnacionistas se ponen de acuerdo en esas fechas, lo que sí está claro es que su realización tuvo lugar después de un viaje a Barcelona.  

Se sucede, entonces, un año de silencio con respecto a este sujeto, y de pronto, a finales de octubre del año 2012 aparecen tres poemas, que podríamos definir de consolidación del amor. Sobre todo el primero de ellos donde la autora deja la rabia de lado, más no la burla y la ironía, al tiempo que revive su temprana adolescencia escribiendo un poema cursi y pegajoso,  a lo Mario Benedetti, uruguayo que Encarnación lleva quince años sin leer:

Metes mano suavecito, antes habías hecho una ecografía por encima de la ropa, palpando, allanando el camino, y después poco a poco, con los deditos tocas piel, tocas hueso, toda mi cadera señalando arriba. ¡Cómo te extraño! Me giro en la cama y todavía estas ahí abrazando mi polo Nike, cogiéndome la mano, diciéndome: “trépate si quieres”, y yo que me hago un hueco en tu alita, y tu brazo que soporta mi cabeza, con mi cerebro, mi nariz, mi peluca y mis gafas; todas ellas cosas que pesan mucho, y yo debajo de tu alita feliz de que te duches a diario, aunque cualquiera lo diría. Y yo que imito esa voz tan ridícula que te salió de la mezcla de tus babas y tus ruinas, y nos reímos, y al rato te vuelvo a imitar, y nos partimos de la risa. Podría estar así toda la noche, imitándote con la brisa del porro acariciándome suave como tú. Bien podría quedarme así con tu alita como techo.

Son sin duda los recuerdos de su cercano viaje a Ámsterdam donde se encontró con esta persona,  los que dirigen la realización del poema de la escritora manchega. El reiterado uso de diminutivos corresponde, no sólo al sentimiento de ternura que chorrea todo el poema, sino también a su futura época latina, a la que se adelanta de manera futurista como en un juego del destino. Este texto fue leído en el “Café Bar Indiano” en el año 2012, de hecho, con  él se dio apertura al recital, suscitando, además, el siguiente comentario por parte de su compañera de mesa, la también escritora, manchega y amiga: “Qué bonito”.

Coetáneos de esta misma época, mediando quizá un mes entre ellos y el anterior,  encontramos dos poemas cargados de alusiones y lenguaje directo, donde el desamor  y el psicoanálisis freudiano se impone de manera irrevocable:

La otra noche soñé que estábamos tomando una limonada

 

En la terraza de un paseo marítimo.

 

Llevábamos mucho tiempo sin vernos,

 

Por eso estaba callada,

 

porque tenía miedo de que te saliera una novia por la boca

 

Que te saliera así, físicamente, primero la melena rubia

 

Se abriría paso en tu garganta,

 

Ahora hinchada como el vientre de la boa cuando engulle a su presa

 

Después algunos pelos dorados empezarían a filtrarse poco a poco

 

Entre tus dientes

 

Surgiendo al tiempo todo el conjunto de su cabeza completa,

 

Del otro lado de tu boca deformemente enorme

 

Hasta mostrarse así, pequeña, rubia y hablando inglés.

 

A mí me da igual, yo no quiero ser rubia, ni mucho menos pequeña

 

Ni siquiera me interesa hablar inglés

 

Pero, por desgracia, sí que quiero ser tu novia.

 

Un segundo después aparecemos tumbados en la arena

 

Porque viste a tu padre en una mesa cercana,

 

Estaba conversando con tu entrenador de baloncesto de cuando eras chibolo

 

Por eso nos escondemos

 

Porque no quieres ver tu padre, ni ponerte triste

 

Hueles a tierra batida, a alcohol y a moqueta vieja

 

¡Esto me recuerda muchísimo a nuestra primera noche!

 


La influencia  en el  conjunto del poema, va de la mano esta  vez, de  la ironía y el surrealismo del poeta chileno Nicanor Parra. Por otro lado el miedo, la distancia, y los celos serían sin lugar a dudas su eje articulador. El texto, a su vez,  está basado en un sueño, de ahí el carácter onírico del mismo, de grandes pinceladas dalilescas, aparece en toda su esencia esgrimido el consabido término del automatismo psíquico, que dirigiera la obra pictórica del catalán de largos bigotes.

Cerramos la serie “Crónica poética de un amor imposible” con el último poema que se conoce al respecto y que lleva como título “Titanic”:

Así más o menos, en esa posición tan ceremoniosa,

Tumbado de espaldas con los pies juntos

Y los brazos cruzados sobre el pecho,

Así te colocaste sobre el palet que nos habían regalado

Yo me tumbé encima de ti, poco más o menos igualito,

Aunque boca abajo;

Al cabo de un tiempo, decidí que ganaría estabilidad

Abriendo piernas y brazos y dejando que tu cuerpo pasara entre ellos,.

También ladeé la cabeza para que mi mejilla quedara a la altura de la tuya.


Tenías razón en eso de que no hacía falta sacrificar a nadie en Titanic,

Recreamos todo tal como se ve en la película


Hace tres años tiramos esta madera al mar

En principio íbamos a ser felices simplemente así, flotando

Pero ya me cansé de sólo flotar

Tu mejilla sigue moviéndose  y de vez en cuando tienes erecciones en sueños

Sé que no estás muerto

¡Podrías decirme algo en medio de este puto océano!

 

Por su parte, a él sólo se le atribuyen dos poemas románticos, los dos orales, el primero de ellos es del año 2009 y decía así; “No me quiero regresar ahora porque la próxima vez que te vuelva a ver será bajo el papel de amigo, y eso no es lo que quiero, nos ha costado mucho llegar hasta aquí”.

El otro poema tiene apenas unas horas y fue recitado en público en la calle Enrique Del Campo, a grandes rasgos decía así: “Yo te amo”, “Me he dado cuenta que te amo” “ ¿En qué momento fue que nos empezamos a amar?” Ambos han sido desmentidos, el último hace escasas horas. Sí que, sin embargo, este autor cuenta con una prolija obra en cuanto a poemas de desamor, los cuales no tienen cabida en estas páginas porque de ser así, este relato no se llamaría “crónica poética de un amor imposible”, sino “crónica poética de un desamor posible”. Ambos títulos, aunque significando en la práctica una misma cosa, no son sinónimos, a mi humilde entender. Diríase que, a raíz de lo expuesto, el primer título es más veraz que el segundo, saque cada uno, sin embargo, las conclusiones que estime pertinentes.

 

 

 

 

 

 

lunes, 23 de diciembre de 2013


Volveré a decir frases tan demoledoras

Como: “En todo esto eres tú el que va a salir perdiendo”

No se las diré a él sino a otros como él

Y seguirán pasando todos esos libros y me conformaré con tocarlos

 

Y seguirán pasando esos hombres con los que no me mezclo

 
Porque yo no soy mala, porque soy sensible,  porque he crecido

(Tengo algunas canas , algunas líneas de expresión

y ciertas historias anquilosadas en el alma)

 

Las cosas que sé que voy a destruir las miro desde lejos

De la misma forma que miro las cosas que sé que me van a destruir

Quizá con mucho más amor en el segundo caso

Con mucha más nostalgia e impotencia

Mientras los días caen densos como gotas de lluvia europea

Cavando hoyos en la tierra

Reviviendo ese dulce olor a tierra mojada

que se me antoja como un fin en sí mismo

jueves, 5 de diciembre de 2013


Nibiru, también conocido como el séptimo planeta

Tiene un campo gravitacional propio

No gira alrededor del sol, me dice

Poniendo un dedo en perpendicular,

Y haciendo rotar el puño cerrado de la otra mano sobre ese dedo

 
Lo que me parece increíble es que  nadie hable de Nibiru

Y sí de Tilsa Lozano

Nibiru es rojo como Júpiter

El problema es que no podemos  verlo porque se oculta detrás del Sol

Imagínate qué maravilla ver dos soles, uno al lado del otro

-Continúa -

 
Si el cometa ISON  no hubiera estallado, convirtiéndose en una masa de ceniza

(antes de llegar a la atmósfera)

Hubiéramos podido verlo desde la tierra

Pero estalló trágicamente

 
A las gemelas las llamaremos ISON  y Nibiru

Mientras esperamos  el momento

En que todo quede reducido a polvo

  La habitación de blanca ilusión y la abuela iluminada Entraba allí la luz filtrándose como si no hubiera en su vida grandes ausencias ...