Creo que lo que me dijo es que no
tenía ganas de quedarse en la fiesta. Aunque no estoy segura, y no podría estar segura de ninguna manera
porque desde hace unos meses sufro estas amnesias temporales. No consigo recordar cerca de la mitad de la
noche, aunque me acuerdo perfectamente
cuando le dije, con la más pretenciosa de las declaraciones, que para mí lo más
importante era escribir. Creo que en ese momento me miró, y me dijo algo así
como que yo le daba mucha envidia pues
sabía que quería hacer con mi vida, porque tenía un propósito, y al cabo
de un rato terminó por confesarme que él no tenía ningún objetivo más que el de
ser un nómada. Una persona errante. Es un objetivo como otro cualquiera creo
que le dije, aunque lo que estaba pensando es que a mí no me importaría nada
acompañarlo en su vagar por el mundo. El problema es que no sabía a qué tipo de
nomadismo se refería, podría ser el relativo a la ubicación espacial, o ir más
lejos que eso, y a un nivel ontológico, podría estar diciendo que no busca
comprometerse sentimentalmente. Opté entonces por pensar que con lo de “nómada”
se refería a la segunda opción pues mis
pensamientos no son tan positivos, aunque ese era un domingo luminoso, uno de
los mejores domingos de mi vida. El tiempo
pasaba extremadamente lento como si las horas fueran las manos
temblorosas de un anciano llevándose un tenedor a la boca.
No sé si existirá algún tipo de relación entre
mis amnesias y la quietud del tiempo, solo sé que se detenía en cada cuadra
para sacar una mandarina de la bolsa, pelarla lentamente con sus manos fuertes,
y, después, en un acto de paroxismo llevarse uno a uno los gajos a la boca. Después de eso lo
que pasó no está tan claro. Varias personas quedaron encalladas en la correa de
la perra, y una señora, incluso me
devolvió la correa, que yo pensaba en mi mano todo el tiempo.
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