domingo, 1 de junio de 2014



Creo que lo que me dijo es que no tenía ganas de quedarse en la fiesta. Aunque no estoy segura,  y no podría estar segura de ninguna manera porque desde hace unos meses sufro estas amnesias temporales.  No consigo recordar cerca de la mitad de la noche,  aunque me acuerdo perfectamente cuando le dije, con la más pretenciosa de las declaraciones, que para mí lo más importante era escribir. Creo que en ese momento me miró, y me dijo algo así como que yo le daba mucha envidia pues  sabía que quería hacer con mi vida, porque tenía un propósito, y al cabo de un rato terminó por confesarme que él no tenía ningún objetivo más que el de ser un nómada. Una persona errante. Es un objetivo como otro cualquiera creo que le dije, aunque lo que estaba pensando es que a mí no me importaría nada acompañarlo en su vagar por el mundo. El problema es que no sabía a qué tipo de nomadismo se refería, podría ser el relativo a la ubicación espacial, o ir más lejos que eso, y a un nivel ontológico, podría estar diciendo que no busca comprometerse sentimentalmente. Opté entonces por pensar que con lo de “nómada” se refería a la segunda opción    pues mis pensamientos no son tan positivos, aunque ese era un domingo luminoso, uno de los mejores domingos de mi vida. El tiempo  pasaba extremadamente lento como si las horas fueran las manos temblorosas de un anciano llevándose un tenedor a la boca.
 No sé si existirá algún tipo de relación entre mis amnesias y la quietud del tiempo, solo sé que se detenía en cada cuadra para sacar una mandarina de la bolsa, pelarla lentamente con sus manos fuertes, y, después, en un acto de paroxismo llevarse uno  a uno los gajos a la boca. Después de eso lo que pasó no está tan claro. Varias personas quedaron encalladas en la correa de la perra, y una señora,  incluso me devolvió la correa, que yo pensaba en mi mano todo el tiempo.

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