Si yo no fuera
tan pequeño probablemente me perdería únicamente en cosas racionales. Aunque cabe esperar que al ser cosas racionales no me perdiera en lo más mínimo.
Pongámoslo así: si yo no fuera consciente como soy, de que mi
vida es una más dentro de los cientos de millones de vidas que existen en el
planeta y aún en otros planetas, imagino
que entonces tomaría todo más enserio, me imagino que actuaría solo de la
manera más práctica posible, pero el hecho de saber que no soy nadie relevante,
y en definitiva, que no hay nadie relevante, y que por el mismo motivo todos
nos vamos a morir, hace que me deje llevar por mis sentimientos únicamente.
¿Qué puede importar que yo haga esto o lo otro si nuestra existencia se mide en
horas o en minutos? Por eso me tranquiliza mucho estar tumbado frente al mar,
oyendo las olas, sabiéndolas infinitas y sobrevivientes a mi persona. Me
tranquiliza porque esta demostración de superioridad por parte de la naturaleza
nos pone a cada uno de nosotros en nuestro sitio; el tiempo pasa, yo no
controlo el tiempo ni los cambios que produce en mi cuerpo y eso es
maravilloso. Saberme extinto, aunque es raro, es uno de los mayores dones de la
ciencia biológica. ¿ Qué
puede importar que yo tome esta decisión errónea o la otra? ¿Acaso mi decisión
va a cambiar el destino de la humanidad? No, lo más probable es que mi decisión
sólo me afecte a mí, y alguna que otra persona de mi entorno y de pasada.
Obviamente también digo todo esto porque nunca me ha gustado ser un líder ni nada por el estilo. Ni siquiera
me gusta conducir porque me doy cuenta que manejando esa máquina endiablada
puedo ser partícipe del destino fatal (así lo imagino en mi neurosis) de unos cuantos humanos. Ni que decir tiene que de ninguna
manera me interesaría ser Hitler o Carlos Marx, a veces en verdad, si fantaseo
con ser Carlos Marx, pero entonces me doy cuenta de que una serie de idiotas…
llámense Mao Zedong, Stalin o Causescu
van a coger mis teorías y van a hacer con ellas un pastiche para endiosarse, contradecir
las leyes de la física, y contradecir el
hecho de que todos nos vamos a morir. No es que con este discurso esté
apostando por el inmovilismo, al contrario, la muerte nos hace libres y por
ello, deberíamos vivir con intensidad
cada día, deberíamos amar cada día, abrazar, besar, escribir novelas, pintar
cuadros o tener hijos que te persigan con sus piernitas rutilantes a lo largo
de la casa al grito de caca o pis. De ahí que me fascine tanto la
naturaleza, sobre todo la naturaleza abierta capaz de darme muestras de su
inmensidad, por eso me gusta tanto el mar cuyo final ni imagino, por eso me
gusta tanto el bosque si lo miro desde arriba, sobre la cima de una montaña por
ejemplo, porque todas estas cosas me arrojan a tus brazos. ¿Quién soy yo para
negarme la felicidad? ¿Quién soy yo para ser prudente o rencoroso, si de todas
maneras me voy a morir? si de todas maneras el mar es muy grande, si de todas maneras el bosque es frondoso, y
mi vista no alcanza nunca el final que alcanzarán mis días.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
La habitación de blanca ilusión y la abuela iluminada Entraba allí la luz filtrándose como si no hubiera en su vida grandes ausencias ...
-
Me detuve junto a la senda por la que se deslizaba la nieve de la alta montaña Ni siquiera había reparado en el lago a nuestros pies, ...
-
No puedo decirle a mi abuela cuánto la echo de menos Pero conservo el recuerdo exacto del abrazo Su vientre plegado sobre la silla de ...
-
La sangre se confunde detrás de los focos, ya no es roja, ya no es sangre. Las balas se equivocan al salir de las armas, ya no es ca...
No hay comentarios:
Publicar un comentario