Me he despedido de él
por lo menos en cinco ciudades y en tres países diferentes, la última vez pasó
con su bicicleta casi por encima de mí, lo vi irse pero no le daba mucho crédito
porque la despedida ya había sido antes, y lo que viniera después sólo podía
ser una copia edulcorada de la primera. Pasó como un fantasma ante mis ojos, y
me vio quedarme ahí, triste y extranjera. Se fue con ese gesto altivo, de quien
no tiene ningún remordimiento por dejar triste a una depresiva, obviamente, pensaría
él, no tiene mucho merito entristecer a una depresiva, igual iba a pasar más
tarde o más temprano por cualquier otra cosa o por cualquier otro hombre. Por
cualquier otra cosa puede ser, no lo niego, últimamente me deprimen las cosas
más tontas e inanimadas, el liquido de las lentillas, por ejemplo, me deprime
muchísimo, pero por cualquier otro hombre no.
domingo, 18 de noviembre de 2012
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