domingo, 4 de marzo de 2012

Una lluvia de murciélagos en una noche de verano
Al lado de la puerta de metal de la parcela,
Con las rodillas magulladas después de andar arrastrándonos toda la tarde
Viendo como sus alas reflectan la luz ámbar de las farolas,
Y escondidos detrás de nuestros chandals de táctel
Alucinando con el espectáculo circular de los murciélagos que gravitan
El nueve de agosto a las afueras de Albacete.
Huele a madera mojada y huele también a chorizo
Mis primos y mis hermanos están entusiasmados
Clavan sus pupilas infantiles y sus dedos diestros en unas tablas,
Quieren hacer una competición a ver quién es capaz de derribar más murciélagos.
A mí todos me parecen hijitos de Batman y me dan mucha pena,
Prefiero ver como ellos se pelean con el aire
Y escuchar el silbido de la madera raspando oxigeno
Y escuchar como, a lo lejos, se evapora un coche en una nube de tierra.
Me han dado en un brazo pero no he acabado tan mal
(a mi primo pequeño le han alcanzado en la cara)
Pero somos niños y no nos importa
¡Tenemos una bolsa vacía llena de murciélagos!.

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