Aquella mañana me regalaron un engaño que tenía el tamaño de un zeppelin y también volaba ingravido hasta la espesura del cielo albaceteño. Quise agradecerle a la universidad y a su sección de contratos de trabajo tanta generosidad pero por el camino que te lleva del odio a la venganza encontré un paisaje que dio un vuelco a mi mente rabiosa. Desde el banco de madera el otoño era la portada de una revista con árboles pequeños y de copas redondeadas, unos amarillos como una mochila de Piccachu, otros ocres, otros un poco verdosos. El silencio era un eco de ramas flacas y retorcidas y detrás de los árboles redondos, detrás había otro banco vacío idéntico al que sostenía mis reales posaderas. Entonces pensé que en algún punto seríamos inmunes a la inmundicia mundial (redundando la redundancia). Frente a un paisaje como el de aquella mañana puede venir un enano que de un salto inesperado y desproporcionado me robe la gorra, y me daría igual, incluso aplaudiría al enano y a su rápido movimiento de piernas, también puede morir Apollo Creed de la manera más tonta después de tres películas pensando de forma cabal, que me da igual, incluso le propongo a Stalone una actualización de guión, en lugar de una pontente y dopada maquina sovietica que lo mate un pirata somalí menor de edad. Desde esta perspectiva me doy cuenta de que los problemas son una excusa para no mirar paisajes, de que los perros que persiguen pelotas de goma, aunque en principio salen corriendo detrás de la pelota, luego nunca sabes con lo que van a volver entre los dientes. Me doy cuenta de que lo vivido, de que incluso lo no vivido, son parte de una misma cosa, impredecible y estúpida, pero también inspiradora y emotiva, en plan zen transcendental, en plan Jean Paul Sartre y el fresa de Truffaut, esa misma realidad que es el tiempo que nos ubica en distintos paisajes. Me doy cuenta de todo, con milongas y nostalgias, con robos universitarios, con el kilo que acabo de engordar, con disputas parentales, con el jueguecito un tanto absurdo al que nos acostumbramos, con lo que extraño la Estrella Levante y a mis amigos murcianos, e igual me gusta…. Que más puedo decir?¡¡¡¡que me mate ya mismo un pirata somalí!!!
sábado, 21 de noviembre de 2009
Aquella mañana me regalaron un engaño que tenía el tamaño de un zeppelin y también volaba ingravido hasta la espesura del cielo albaceteño. Quise agradecerle a la universidad y a su sección de contratos de trabajo tanta generosidad pero por el camino que te lleva del odio a la venganza encontré un paisaje que dio un vuelco a mi mente rabiosa. Desde el banco de madera el otoño era la portada de una revista con árboles pequeños y de copas redondeadas, unos amarillos como una mochila de Piccachu, otros ocres, otros un poco verdosos. El silencio era un eco de ramas flacas y retorcidas y detrás de los árboles redondos, detrás había otro banco vacío idéntico al que sostenía mis reales posaderas. Entonces pensé que en algún punto seríamos inmunes a la inmundicia mundial (redundando la redundancia). Frente a un paisaje como el de aquella mañana puede venir un enano que de un salto inesperado y desproporcionado me robe la gorra, y me daría igual, incluso aplaudiría al enano y a su rápido movimiento de piernas, también puede morir Apollo Creed de la manera más tonta después de tres películas pensando de forma cabal, que me da igual, incluso le propongo a Stalone una actualización de guión, en lugar de una pontente y dopada maquina sovietica que lo mate un pirata somalí menor de edad. Desde esta perspectiva me doy cuenta de que los problemas son una excusa para no mirar paisajes, de que los perros que persiguen pelotas de goma, aunque en principio salen corriendo detrás de la pelota, luego nunca sabes con lo que van a volver entre los dientes. Me doy cuenta de que lo vivido, de que incluso lo no vivido, son parte de una misma cosa, impredecible y estúpida, pero también inspiradora y emotiva, en plan zen transcendental, en plan Jean Paul Sartre y el fresa de Truffaut, esa misma realidad que es el tiempo que nos ubica en distintos paisajes. Me doy cuenta de todo, con milongas y nostalgias, con robos universitarios, con el kilo que acabo de engordar, con disputas parentales, con el jueguecito un tanto absurdo al que nos acostumbramos, con lo que extraño la Estrella Levante y a mis amigos murcianos, e igual me gusta…. Que más puedo decir?¡¡¡¡que me mate ya mismo un pirata somalí!!!
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ResponderEliminary un consejo de sudaca cercano a su primera crisis de la edad madura: nunca te enamores de un marinero bengalí
ResponderEliminarah tu si puedes llamarte a ti mismo sudaka, pero cuando yo te lo decía bien q te jodia!!, que me dabas un discurso moral sobre la explotación del tercermundo, y me decias q iba a ir al infierno. Pero que selectivo eres para el sudakismo!!!
ResponderEliminarclaro, yo soy selectivo para todo. es más, en una vida pasada inventé un concepto que quizás conozcas: "proceso de selección natural". en esa época me llamababa charles, pero los amigos me llamaban char lee.
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